Si solo somos humanos… (1)

1

Si solo somos humanos…

Cuando se trata de explicar el daño habido: silencio.

¿A quién vamos a engañar a estas alturas?

¿A qué alturas exigiremos que nos den explicaciones?

 

2

¿Cómo se demuestra que el amor es auténtico?

¿Con hermosas palabras?

No…

No hay palabras que puedan demostrar un sentimiento.

 

3

Solo los hechos definen lo que somos.

Y… somos imperfectos.

Más solo lo que hacemos 

puede dar reflejos de verdad a lo que somos.

 

4

Sus palabras ya no me dicen nada.

Fueron sus profundos silencios 

los que me dieron la medida

de sus desprecios.

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… y todo marcha

 

No pueden ser forzados. Necesitan libertad para ser verdaderos, para ser útiles, para ser…

Quien manipula los mata.

Y esos humanos, hambrientos de no sé qué, pretenden que creamos sus patrañas. Nos toman por tontos. Piensan que nosotros somos los ignorantes. Y son ellos los que no saben proteger lo más valioso. Son ellos los que insultan con solo creerse en posesión de la verdad, en posesión de la más alta inteligencia.

¡Basta ya! ¡No queremos violencia!

Diálogo y amor… y todo marcha.

Una Investigación Revela la Mentalidad Humana de Rebaño

Lo que aquí se nos cuenta me parece tremendo y descorazonador para la humanidad. Lamentablemente esto da explicación a muchas de las situaciones que vivimos a lo largo de nuestra historia, individual y social. ¡Somos mucho más animales de lo que nos creemos!

Sureste Press

“El estudio demostró que se necesita una minoría de apenas un 5% para influir en la dirección de la multitud – y que el otro 95% les seguía sin siquiera darse cuenta de lo que estaba pasando”

Social | Reportaje | Internacional |Científicos de la Universidad de Leeds han realizado investigaciones que demuestran la tendencia de muchos a actuar como ovejas, sin darse cuenta siguen a la multitud como si no tuvieran una mente racional.

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Rupturas y sentimientos

Porque somos humanos podemos pasarnos la vida entera dándole vueltas a lo que ocurrió y no tenía que haber ocurrido, según nuestro particular entender. Es posible que esa manera de proceder no sea saludable, pero me parece que es demasiado frecuente entre nosotros.

El asunto se hace especialmente doloroso cuando lo que ha sucedido supone la ruptura de una relación. Se añade un plus de dolor si la ruptura no fue producto de un consenso más a menos “amigable”, si no hubo un sincero diálogo, si existió premeditación por una parte y el consecuente “no-sé-como-afrontar-lo-que-se-me-viene-encima” por la otra. 

En casos complicados se van sumando puntos en esa fatídica escala, según hayan sido las circunstancias que acompañaron a los componentes de la relación rota: el roce, el parentesco, la antigüedad, la admiración, la dependencia, la entrega, el egoísmo, la premeditación, el sometimiento, el número…

El dolor no se reparte de la misma manera en todos los sujetos de una ruptura. Depende del peso del compromiso, del valor real de la apuesta inicial, del grado de generosidad…

Unos, los “ingenieros” de la operación, posiblemente se tomaron su tiempo y decidieron el momento de la notificación de “su” liberación. Otros, los “sorprendidos”, con toda seguridad se encontraron, de sopetón, con esa gran ola que deshacía la estabilidad de su mundo y se resistieron a creer que estaba ocurriendo lo que estaba ocurriendo.

Una ruptura se produce en una relación que ha gozado de un tiempo y de unos sentimientos compartidos, al menos en teoría. Se suele suponer que se trata siempre de una pareja que, además de tiempo y sentimientos, han compartido sexo como ingrediente fundamental; pero no es así necesariamente. Existen infinidad de relaciones rotas por intereses contrapuestos entre miembros de una misma sociedad, de una misma familia: padres, hijos, hermanos, pueblos, países… 

Entre aquellas tiene relativa importancia, es verdad, desde su génesis hasta su desenlace, el sexo y, en bastantes ocasiones, la aparición de una tercera persona. Entre las demás, la génesis suele estar, más o menos explícitamente, en el dinero. Y en ambas el desenlace viene con un común denominador: la ausencia de diálogo y la explosión de un súbito interés que ya no admite demora.

En todas es posible la aparición de un “argumentario” de justificación, desde la “ingeniería” de la operación, que suele tratar de dar explicaciones a lo que, generalmente, no tiene más que una explicación: la decisión unilateral de independencia porque sí y punto. Desde la otra parte, la sorpresa suele traer consigo infinidad de sentimientos negativos y mucho dolor. Pero lo fundamental, para entender el desenlace, es que el diálogo no existe ya y quizá llevaba tiempo arrinconado.

Todos somos humanos. Todos tenemos sentimientos. Pero no todos somos iguales… ni en responsabilidades…  ni en dolores… ni en sentimientos… ni en intereses.

Algunos podemos pasarnos la vida entera dándole vueltas a lo que ocurrió, y no tenía que haber ocurrido, pero no sería bueno dejarse caer en el resentimiento ni en el rencor…                                                                                                         Otros, desde su desprecio desmedido y su pretendida superioridad, pueden permanecer impasibles, sin señales de dolor, sin asumir ningún tipo de responsabilidad… pretendidamente libres…

Lo ocurrido en una ruptura es parte de la vida y es preciso saber reponerse para que aquello no suponga un lastre para continuar viviendo.

Solo el diálogo nos permite afirmar que somos humanos. Pero… dos no dialogan si uno no quiere.