CASUALIDADES

Laureano Argamasilla estaba ojeando el periódico “La Opinión de MÁLAGA” del miércoles, 21 de noviembre de 2012. Ya no era miércoles, ni 21 de noviembre. Y se dio cuenta, por casualidad, de que en la página 30 la fecha era otra: viernes, 21 de noviembre de 2012. En todas las demás páginas, la correcta: miércoles, 21 de noviembre de 2012.

Viernes, 21 de noviembre de 2012. ¡Qué curioso! (pensó). Nunca existirá esa fecha.

Comentó la curiosidad con varias compañeras y solo una, con sorpresa y cierta admiración le dijo algo:

– ¡Qué observador!

Ese día únicamente pensó en las casualidades.                                       

Se dice que la mayoría de los descubrimientos científicos han sido “accidentes de azar”, es decir, casualidades. Las ha habido que han cambiado el mundo.

Laureano se dio cuenta de la gravedad de la situación de la humanidad por dos casualidades consecutivas que a él mismo le habían ocurrido recientemente:

Casualidad 1.

Le gustaba escuchar la radio. En una tertulia de la “Cadena SER” un grupo de periodístas se quejaba, con gran acuerdo entre ellos, de que los “responsables de” los medios de comunicación no suelen ver interesante lo que sucede en África, a menos que se haya asesinado o secuestrado a un blanco.

¡La discapacidad a escala continental! (se dijo sin apenas pensar)

Y sus pensamientos se desbocaron.

África no vende el día a día de millones de personas porque esas personas han de ser invisibles para los “responsables de” sus países (cincuenta y cuatro). Solo cuando se juegan la vida, alejándose de su miseria y de los responsables, se hacen visibles y se convierten en fugaz noticia. África, no obstante, continúa siendo invisible para el resto del mundo.

Quizá y sin quizá las empresas, las nacionales y las multinacionales y los gobiernos “responsables de” que se mantengan los negocios rentabilísimos, sepan algo de este fenómeno.

Los “responsables de” que se conozca la realidad, y se transforme en otra realidad mejor para todos, no quieren ver nada sobre hidrocarburos obtenidos a bajo precio (seguro que algo sacan) porque se ha “negociado” directamente con el “reponsable de” su país (en algunos casos dictador), que obtiene un beneficio personal a cambio de no ver lo que no tiene que ver para que nada cambie (básicamente que las empresas continúen ganando pingües beneficios).

Tampoco quieren ver nada del negocio de armas, con el que se matan dos pájaros de un tiro: por un lado se matarán entre ellos, total son invisibles, y por otro se les mantiene ocupados para que no vayan a dedicarse a cuestionar al “responsable de” que los negocios -los de las empresas nacionales y las multinacionales y los gobiernos- continúen rindiendo beneficios para todos, menos para los invisibles, por supuesto. ¡Faltaría más!

¡Personas! ¡…per-so-nas…!

Casualidad 2.

Una mañana, al llegar a su centro de trabajo, Laureano siguió la secuencia cotidiana. A la de ese día hay que añadir la casualidad.

Al pasar por la puerta de entrada, como siempre:

– ¡Buenos días!

– ¡Buenos días!

Por los pasillos, con todo el que se cruzaba:

– ¡Buenos días!

– ¡Buenos días!

En la “sala grande”, un grupo de siete personas hablando de no importa qué -como dicen los franceses-:

– ¡Buenos días!

–  (Silencio)

–  (?)

En ese grupo había quien presume de su exquisita atención para estos menesteres diarios. Y hay que reconocer, eso afirma rotundamente Laureano, que así suele ser en un porcentaje alto de secuencias cotidianas.

Pero un pensamiento automático acudió a su mente:

¡Me han mirado… y no me han visto!

Y ya se desató el frenesí:

Son o han sido y pueden ser “responsables de” la buena marcha del centro. No es la primera vez que ocurre. Hace unos días una compañera se quejaba de que sus buenos días se quedaran tantas veces sin respuesta. ¡No puede ser! ¡Son personas! ¡Es… Es… la discapacidad! ¡No puede ser!

No verán a las personas que no estén en su grupo hablando de no importa qué -como dicen los franceses-. No verán lo que no les interese. Enviarán señales para que estemos a la altura de lo que a ellos les parezca que hay que estar, para que no confundamos el enemigo en nuestras reivindicaciones, para que seamos buenos con el sistema. Y, si es necesario, no nos verán aunque estemos a su lado.

Hay síntomas de que la discapacidad ya está entre nosotros.

¡Personas! ¡…per-so-nas…!

Nadie sabría qué ocurrió para que la humanidad se deshumanizara. A no ser por la casualidad del hallazgo del libro de poemas que nos ha permitido conocer el poema XVII.

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XVII

¡QUÉ TRISTE REALIDAD!

¡Qué triste realidad vivimos, compañero!

El alma nos disfrazamos,

disfrazamos nuestro cuerpo.

Y el alma ya no es el alma

ni el cuerpo es ya el cuerpo.

¡Y somos tan felices, compañero!

¡Gritamos lo que nos manda el dinero!

-¡Yo quiero más libertad! Pero…

a mis esclavos prefiero.

-¡Yo pido Paz! Pero…

mis armas… ¿a quién las vendo?

Y el alma ya no es el alma

y el cuerpo ya no es el cuerpo.

¡¡¡Gritamos…

…lo que nos manda el dinero!!!

-De “Primeros pasos”

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