Seguir adelante

La incertidumbre, que no era buena para los mercados, era lo único que los políticos ofrecían a los que, irremediablemente, habían sido puestos en el camino de la pobreza.

Cada día que pasaba se parecia más al anterior y no se caracterizaba, precisamente, por la alegría de vivir.

A pesar de todo, seguir adelante era lo más sensato. Seguir adelante con escasas perspectivas. Seguir adelante con un bebé de pocos meses que quiere comerse su mundo. Seguir adelante sin trabajo, en este mundo, con una hipoteca y apurando el paro.

Seguir adelante… mientras millones de euros van a parar a los que no quieren perder, y tienen el poder para conseguir lo que quieren; aunque cueste más millones… de parados, de utilizados para recuperar la confianza que ellos necesitan; mientras gobierna el dinero y agoniza la política.

¡Seguir adelante!

¿Para que ellos salven su confianza?

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XIX

Me abate continuamente

este extraño sentimiento

de sentir que estoy viviendo

sin conocer a la gente.

Camino continuamente

y no me veo avanzar:

a cada paso un lamento

y la mirada hacia atrás.

-El camino recorrido…

Sentir… Volver a empezar.-

¡Camino ingrato,

qué duro es caminar

por tus peñas…

por tus prados…!

¡¡Qué duro es continuar!!

– De Primeros pasos

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La risa sola

Para Carlos Pulido, la vida, como decía la canción, no vale nada.

Cuando se refería a la vida, estaba pensando en su vida, y, dentro de su vida, a lo que le quedaba por vivir.

Estaba ya un poco harto de que todos le dijeran que a mal tiempo buena cara, que no hay mal que cien años dure, que la vida son cuatro días locos… y que hay que pasarlos con una sonrisa.

 – ¿Quién ríe solo?

Había leído que las personas risueñas eran menos propensas a las enfermedades y, que si enfermaban, se curaban antes. También había oído mil veces “Tu risa”, la canción de Olga Manzano y Manuel Picón, del poema del mismo nombre de “Los versos del Capitán” de Neruda. Mil veces se le habían puesto los vellos de punta con el estribillo a dos voces, en el que Olga eleva el tono cuando canta:

Quítame el pan, si quieres,

quítame el aire, pero

no me quites tu risa

porque me moriría”

Cuando a la presión de todo el universo se une la soledad más triste, la risa se desactiva y no cumple su función.

 – ¿Quién ríe solo?

Carlos había venido al mundo después de una guerra civil desvastadora, cuando había pasado lo malo, después de unos “ajustes” que habían segado miles de vidas, como la de su abuelo. Su vida entera pasaba por su mente con una rapidez vertiginosa. Atrás quedaban los años de paro que, a su edad y en las circunstancias actuales, suponían el final de su vida laboral. Atrás quedaban las risas apagadas de todos los que estuvieron a su lado y ahora, por las circunstancias actuales, no estaban; lo que suponía el final de su vida social.

Los agentes judiciales ya venían de camino. Atrás quedaría, en pocas horas, el último lugar en el que refugiarse de la soledad y de los “ajustes” nuevos.

La decisión fue tomada en un segundo. Acercó una silla a la ventana y se lanzó al vacío. Le parecía estar oyendo su canción preferida:

“Amor mío, en la hora

más oscura desgrana

tu risa, y si de pronto

ves que mi sangre mancha

las piedras de la calle,

ríe, porque tu risa

será para mis manos

como una espada fresca.”

La vida que le quedaba se detenía en aquel momento. Con el puño cerrado, la espada en sus manos y una leve sonrisa; lo había conseguido: reirse de la vida, precisamente.

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XXI

MAL SUEÑO

Esta incesante angustia que nos invade

es un extraño sueño que combate,

con sus horrorosas olas, al corazón humano.

El corazón, esquivo, se acobarda

y huye y se guarece,

escondido entre las rudas algas

de nuestro desolado y triste mar.

A veces, inoportuno, se enternece

y se vuelven sobre él las alimañas,

usando de las más terribles mañas,

buscando la destrucción a cualquier precio.

El corazón, abrupto y solitario,

al mundo juzga ya con el desprecio;

cerrado a todo ya, sigue el destino

deseando el final de su camino.

– De Primeros pasos

Soledades juntas

El vértigo que sentía, por la velocidad con que se sucedían los acontecimientos, era como el que sintió cuando saltó por aquel puente, con los pies amarrados a una cuerda elástica; sin embargo, el mantenimiento en el tiempo de aquella sensación, ahora obligada, transformaba el placentero viaje de unos segundos, voluntariamente elegido, en una angustiosa caída sin fin, en incertidumbre, en insomnio…

La mayor parte del tiempo andaba hecha un auténtico lío. Pensaba que debía hacer algo, pero no tenía nada claro qué era lo que tenía que hacer. Pensaba que merecía una explicación sobre lo que estaba sucediendo, pero nadie daba explicaciones: que la situación de la economía, que la realidad, que los mercados, que la crisis… Nada de explicaciones.

No estaba segura de qué era lo que le había ido robando su autoestima, su estabilidad, sus sueños, su trabajo… Ahora no tenía nada suyo, y, ahora, precisamente ahora, comprendía mejor a los que, hasta hace unos meses, había compadecido desde la distancia, desde la incomprensión, desde el saber que están ahí y no querer meterse en más profundidades.

 – ¿Qué vamos a hacer sin futuro? Se repetía una y otra vez, Ana Infante.

Desde hacía un par de semanas tenía un pensamiento recurrente que no la dejaba vivir. Se trataba del final de una fábula:

cuando el rostro volvió

halló la respuesta viendo

que otro sabio iba cogiendo

las yerbas que el arrojó.

Una fábula que consideraba de una vigencia que daba miedo y que ella se la aplicaba radicalmente y que le hacía sufrir, por un lado, y le empujaba a reaccionar, por otro; pero… ¿qué hacer?

 – ¡Yo, de sabia, “ni mijita“!

Una idea. Solo una idea tenía la claridad suficiente como para calmar el vértigo, interminable y angustioso, que se había instalado en ella desde que era consciente de su pertenencia a esa categoría de seres que no cuenta en la sociedad. Seres que, hasta hace unos meses, ella misma miraba con cierta indiferencia, lo que le provocaba un sentimiento desagradable que nunca supo definir.

Ahora, que ella era uno de esos seres apartados, la idea de luchar era nítida, la idea de curar aquella antigua herida le calmaba su actual sufrimiento; pero no encontraba qué es lo que podía hacer. Sola no era capaz de empezar nada. Y estaba sola. Rodeada de muchas miradas de indiferencia, pero sola.

Estaba decidida: tenía que poner todas las soledades juntas, y luchar.

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XXX

HOY NO SIENTO GANAS DE PASEAR

Hoy no siento ganas de pasear.

La tarde es gris, como la vida.

Hoy no quiero ver la gente caminar

con los ojos tristes…con su herida.

Mis ojos son ojos resentidos,

también mi vida.

Nací de la resignación -mi herida-

mamé resignación,

me educaron para la resignación.

Siempre la misma herida,

así es mi vida: Resignación.

Hoy no quiero hablar con nadie,

no quiero ver a nadie.

Solo, deseo pensar -muy seriamente-

en curar mi herida,

en salvar mi vida,

en luchar.

Tengo que tener mi vida.

¡A la calle!

Y no a pasear.

¡A buscar mi vida!

A luchar sin descanso

para cerrar heridas.

  • De ¡A la calle!

                                                             6.Nov-77

Recuerdos del futuro

Noé Gabardino Rodríguez es un hombre que vive según sus posibilidades. Como la inmensa mayoría de las personas que habitan Quintana. Los recursos son los que son y el sistema político-administrativo, abolido el dinero, está basado en la distribución del tiempo en quintos, descontadas cuatro horas del día que son de libre disposición de cada persona. Todo fluye por el cauce democrático, todos respetan las decisiones que se establecen, por mayoría, después del imprescindible debate; decisiones que son, siempre, las necesarias para el bien común.

Los habitantes de Quintana reconocen el valor de la voluntad de la mayoría y el respeto a las opiniones diferentes, que han de ser tenidas en cuenta para la ponderación de todas las decisiones. Todos deben elegir una tarea para la comunidad, según su capacidad, fijada en un quinto del horario de administración, otro quinto es para el desarrollo personal y dos quintos para descanso. El quinto restante está destinado a la participación en asuntos decisorios de la comunidad, en el nivel en que cada persona sea elegida.

Todos saben que cuando algún mal les sobrevenga se encontrarán protegidos. El trabajo bien hecho es la garantía del funcionamiento de Quintana. La garantía de que siempre te está atendiendo un profesional que está haciendo su trabajo igual que tú haces el tuyo.

Los habitantes de Quintana siguen y respetan las normas que provienen del final de la época anterior. Una época de guerras horrorosas a escala planetaria, dos sistemas en lucha permanente, dos formas de no entender lo humano que determinaron dos formas de no resolver la convivencia. Dos bloques que pugnaron por prevalecer por encima del otro y que, finalmente, acabaron extinguiéndose los dos en un corto espacio de tiempo.

La guerra fría entre los bloques dio paso a la globalización, a la ciega codicia, a la permisividad del boom y las burbujas, a la imposición de prácticas perversas a los estados, a la eliminación de la política como se había practicado hasta entonces y a su sustitución por la economía de la austeridad que lo convirtió todo en agujeros negros, en caminos sin retorno, en problemas sin solución y en los ajustes salvajes de la llamada época de los rescates.

Aquella época en la que la humanidad se puso en peligro de extinción por un error de cálculo. No por bombas nucleares ni por obuses, ni siquiera por fusiles y pistolas repartidos en dos bandos. Por un lamentable error. Se creyó más en la economía que en la política. Se otorgó más valor al crecimiento de beneficios de unos pocos que al mantenimiento del trabajo y la ilusión de una mayoría, sin grandes pretensiones, que delegó en unos irresponsables “responsables” que terminaron matando a la gallina de los huevos de oro.

En la última etapa de la época de los rescates. Los partidos políticos y los sindicatos fueron enflaqueciendo y se perdió la fuerza que había conducido a una parte de la humanidad a lo que se había denominado, con excesiva grandilocuencia, el estado del bienestar. Su desmantelamiento, país por país, fue agónico y brutal: primero Grecia, después Portugal, Irlanda, España, Italia, Francia… Alemania. Europa arrastró a América. Una caída llevó a la otra y todas juntas al desastre.

El mundo se volvió loco. Las imposiciones insoportables a los paises más débiles se tradujeron en imposiciones desorbitadas a los más pobres que, indignados con los gobernantes y con el sistema, trataron de organizarse de una forma más humana.

El impulso definitivo lo materializó un nutrido grupo de indignados que no cedió ante la provocación de las minorías gobernantes, que se habían dejado llevar por el error de considerar prioritario el crecimiento de los beneficios de la minoría propietaria de la riqueza ante los derechos al trabajo y a la dignidad como personas de la mayoría. Error que condujo al mayor desgaste humanitario de la historia: a la época del retroceso.

Desde entonces la humanidad camina hacia el pasado y los recuerdos siempre vienen del futuro*: de Quintana.

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*José Gabardino Manso, en un pueblecito de Extremadura, guarda como un tesoro, entre las páginas de un ejemplar de ENSAYO SOBRE LA CEGUERA, el documento con las propuestas para la fundación de Quintana.

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LVI

Amarillean las hojas de mis libros

y mis cabellos se tornan blanquecinos,

como la nieve de nuestros corazones.

¡Cómo se hundieron aquellas ilusiones

labradas con trabajo y sacrificio!

¿Recuerdas cuando yo vivía en mis libros

mientras el fuego abrasaba mis sentidos?

¿Recuerdas que vendí mis ilusiones

sin saber de la vida más sabores

que el sabor de tu cuerpo dolorido?

Siento pena de mis penas…

y siento la sangre en mis venas

correr como nunca ha corrido.

Es que al fin he comprendido

por qué mi sangre y las hienas…

por qué las penas conmigo.

    – De Poemas rescatados