La risa sola

Para Carlos Pulido, la vida, como decía la canción, no vale nada.

Cuando se refería a la vida, estaba pensando en su vida, y, dentro de su vida, a lo que le quedaba por vivir.

Estaba ya un poco harto de que todos le dijeran que a mal tiempo buena cara, que no hay mal que cien años dure, que la vida son cuatro días locos… y que hay que pasarlos con una sonrisa.

 – ¿Quién ríe solo?

Había leído que las personas risueñas eran menos propensas a las enfermedades y, que si enfermaban, se curaban antes. También había oído mil veces “Tu risa”, la canción de Olga Manzano y Manuel Picón, del poema del mismo nombre de “Los versos del Capitán” de Neruda. Mil veces se le habían puesto los vellos de punta con el estribillo a dos voces, en el que Olga eleva el tono cuando canta:

Quítame el pan, si quieres,

quítame el aire, pero

no me quites tu risa

porque me moriría”

Cuando a la presión de todo el universo se une la soledad más triste, la risa se desactiva y no cumple su función.

 – ¿Quién ríe solo?

Carlos había venido al mundo después de una guerra civil desvastadora, cuando había pasado lo malo, después de unos “ajustes” que habían segado miles de vidas, como la de su abuelo. Su vida entera pasaba por su mente con una rapidez vertiginosa. Atrás quedaban los años de paro que, a su edad y en las circunstancias actuales, suponían el final de su vida laboral. Atrás quedaban las risas apagadas de todos los que estuvieron a su lado y ahora, por las circunstancias actuales, no estaban; lo que suponía el final de su vida social.

Los agentes judiciales ya venían de camino. Atrás quedaría, en pocas horas, el último lugar en el que refugiarse de la soledad y de los “ajustes” nuevos.

La decisión fue tomada en un segundo. Acercó una silla a la ventana y se lanzó al vacío. Le parecía estar oyendo su canción preferida:

“Amor mío, en la hora

más oscura desgrana

tu risa, y si de pronto

ves que mi sangre mancha

las piedras de la calle,

ríe, porque tu risa

será para mis manos

como una espada fresca.”

La vida que le quedaba se detenía en aquel momento. Con el puño cerrado, la espada en sus manos y una leve sonrisa; lo había conseguido: reirse de la vida, precisamente.

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XXI

MAL SUEÑO

Esta incesante angustia que nos invade

es un extraño sueño que combate,

con sus horrorosas olas, al corazón humano.

El corazón, esquivo, se acobarda

y huye y se guarece,

escondido entre las rudas algas

de nuestro desolado y triste mar.

A veces, inoportuno, se enternece

y se vuelven sobre él las alimañas,

usando de las más terribles mañas,

buscando la destrucción a cualquier precio.

El corazón, abrupto y solitario,

al mundo juzga ya con el desprecio;

cerrado a todo ya, sigue el destino

deseando el final de su camino.

– De Primeros pasos

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3 comentarios sobre “La risa sola

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