Consentido sinsentido

     Cuando el tiempo empieza a contar para uno, individualmente, ya no se detiene hasta que uno vuelve a su no-ser. Entre tanto tiene que apañárselas. Si le toca un buen destino… mucho mejor, todo podrá ser más fácil. Pero si tiene mala suerte… -aunque se dice eso de que no hay mal que cien años dure– hay que actuar para forzar lo que no pudo venir por el destino o la suerte.

El primer intento de algo nunca suele ser el definitivo, el supremo, el éxito o el fracaso. Es solo eso: un primer intento.

Cuando llegué a mi destino hacía calor. En un espacio corto de tiempo anterior a mi llegada se habían producido dos horrorosas guerras: una en el país y otra a escala mundial. (¿homo homini lupus?)

Estoy a punto de cumplir sesenta años. ¡Cómo pasa el tiempo! Apenas me había planteado hacer valoraciones sobre mi destino, mi buena o mi mala suerte, mis intentos… mis éxitos, mis fracasos. Pero llevo unos días que… “vivo sin vivir en mí”.

Pienso en Mario, mi nieto; en su destino, en su suerte, en la corriente que nos lleva, en los no-intentos de muchísima gente para evitar que ocurra lo que ocurre, en los planes perfectos de otros para que ocurra lo que está ocurriendo, en esta lucha de intereses que inevitablemente terminará como siempre: en una guerra cruel y sin sentido, como todas las guerras. Ojalá que no llegue ese fatal desenlace. (¿dos no pelean si uno no quiere?)

Estoy observando el avance inexorable de los que hacen sus planes para asegurar su futuro, aunque sea a costa del presente de otros, y no me veo con ninguna posibilidad de oposición a esa marcha fatal.

– ¿Qué puedo hacer?

Esta mañana, Mario tenía escrito en su ropita “I Love the world” (¡Qué casualidad!).

Las noticias de hoy anuncian nuevas medidas del gobierno para “asegurar” el futuro: habrá muchos más parados y más impuestos, cobraremos menos los que todavía cobramos.

No sé, no sé Mario, qué futuro te estamos preparando. Tú no sabes nada, a tus pocos meses. Tu tiempo acaba de empezar y aún es pronto para que actúes. Pero… ¿y yo? ¿Qué puedo hacer?

Con mi silencio y mi inacción estoy consintiendo este sinsentido. Por eso estoy que…”vivo sin vivir en mí”.

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