Diógenes o el colesterol

Algunas veces nos sorprende la noticia del anciano solitario que llevaba muchos años acumulando basura en su casa -toneladas de basura amontonada en todas y cada una de las habitaciones- y, generalmente, los mismos años de ausencia de relación con otros seres humanos. Pero la noticia se centra más en lo de la basura acumulada. Lo otro no es tan interesante, al menos en lo que se refiere a las imágenes que se pueden ofrecer.

Se nos informa y punto, pero no se nos forma -ya ni en los centros educativos- porque así, deformados, somos mucho más manejables para los intereses de los que pueden –los que tienen el poder de– decidir. Se nos mete por los ojos la basura de las personas que tienen el síndrome de Diógenes, pero jamás se nos enseña que esa basura es la soledad acumulada de una vida.

Si Diógenes levantara la cabeza… volvería a tratar de enseñar con el ejemplo de la austeridad, no con su imposición; y volvería a buscar, seguramente, con una lámpara encendida a pleno día, al hombre que debería ser y no es.

Los humanos tendemos a ser acaparadores y superficiales. Acumulamos muchas cosas que no sirven para nada y solemos fijarnos más en lo que se nos mete por los ojos que en lo que requiere un poco de esfuerzo. Nuestro propio cuerpo tiende a ir acumulando grasa en nuestras venas y somos tan insensatos que, en ocasiones, acumulamos hasta llegar al infarto y no hacemos nada para remediarlo hasta que ya es tarde.

El médico nos advierte, de la necesidad de poner coto al dichoso colesterol, cuando el análisis pertinente nos delata con el impertinente asterisco en su renglón:

– Usted debería hacer algo de ejercicio y tomar más fruta y verdura.

– No se preocupe usted que el próximo análisis lo mejoro, fijo.

La industria alimentaria, tan al servicio de la salud de la humanidad, te asegura que si te tomas todos los días su frasquito milagroso; la grasa desaparece en un pis-pas, y no menciona nada de lo del ejercicio y la verdura.

– ¡Guay, y sin euro por receta!

La industria farmacéutica, invita al médico a ofertar la comodidad de las estatinas, pero no suele indicar la necesidad de advertir de los riesgos potenciales que te van a llevar a consumir otros medicamentos para “solucionar” lo que te provoque el primer tratamiento.

– Y ahora, encima, con el euro por receta.

No se insiste suficientemente -porque no hay intereses en ello- en que, para poner fin a los peligros de las acumulaciones perjudiciales, solo hay un remedio eficaz: el cambio de actitud y de costumbres equivocadas y malsanas.

La sociedad actual, enferma de lo mismo que el individuo, acumuladora de despropósitos vergonzosos, como el de dejar el poder de decidir a los que acumulan dinero, no tiene la capacidad de cambiar su actitud ni sus costumbres y nunca podrá hacerlo si no es el individuo el que inicia ese cambio.

Todo lo que puede ocurrir es que, finalmente, pongan tu nombre de individuo a un síndrome que nada tiene que ver lo que hayas hecho en la vida.

– ¡Perdónanos Diógenes! De lo que no estoy seguro es de que nos perdone el colesterol.

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1 comentario

Archivado bajo real-ficción

Una respuesta a “Diógenes o el colesterol

  1. Totalmente cierto… Nuestra ignorancia y rechazo hará aún más acusada su soledad

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