Las crisis de los Salaberri (2)

A Daniel se le estaba instalando la crisis de los Salaberri de la misma manera que la crisis económica del capitalismo se instalaba en las vidas de los administrados de todos los lugares del mundo: un poco porque la lógica evolutiva así lo determina y otro poco, más grande, por las debilidades propias de los seres humanos, siempre imperfectos, por mucho que intentemos disimularlo. Ahora se añadía, sin remedio, la crisis de las democracias compradas, las democracias nominales, las de las mayorias silenciosas -esas que prefieren los malos gobernantes-.

Lo que ocurría en el mundo era lejano para la mayoría. Las protestas en las ciudades donde se reunían los representantes del G -G7, G8, G8+5, G20- parecían fuera de la realidad, pero el tiempo lo pone todo en su sitio, y, fuera de la realidad estaba, sin duda, esa mayoría silenciosa que todo lo que ve es lo que le presentan en la pantalla de su televisión, y a todo lo que aspira es a que su mañana sea, al menos, igual que su hoy. ¡Preocupaciones… las justas! ¡Con ir tirando…!

El silencio de la sala de espera del hospital se rompió con acento argentino. Un voluminoso señor de unos setenta años gritaba a través de su teléfono móvil:

… Dejé el auto en el estasionamiento. Si, Bergoglio. Resién llegué. Si. Te yamo. Te yamo. Chao. Chao.

El obeso se dirigió a las máquinas expendedoras, se detuvo frente a la de refrescos. Sacó dos latas de cola y se dirigió hacia la puerta con una lata en cada mano.

 

Los soldados USA torturaban, en Guantánamo, a los terroristas del 11S, y los españoles, para no ser menos, maltrataban, secretamente, en Diwaniya, a los asquerosos enemigos de la civilización. Todo sucedía con el visto bueno de los representantes legales de los civilizados de la coalición internacional, americanos y europeos, y con la ignorancia consentida de la mayoría silenciosa que prefieren los malos gobernantes.

Daniel había abierto los ojos con el ruido de la primera extracción del argentino. Perdida la nube de la relajación, ahora ya no tenía más remedio que volver a analizar la situación a la que había llegado la familia después del ingreso de su padre en el hospital.

Cuando el hoy no es idéntico al ayer, y las perspectivas no señalan que mañana sea mejor que hoy, buscar culpables y derribar puentes es la mejor manera de sucumbir, de aislar y de aislarse. La peor manera de afrontar de una crisis.

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Nota de grojol:

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“aspirante a loco” ha aparecido, hasta el cambio de tema (Pilcrow por Elegant Grunge), con un subtítulo: “La cruda realidad… con vestidos de ficción”.

Que no aparezca con el tema Pilcrow no significa que se haya olvidado la intención primera.

Las crisis de los Salaberri quizá ha minimizado los vestidos. Alguien de la familia que  -maldita crisis- optó voluntariamente por la distancia, se ha manifestado y me ha llegado su malestar por el reflejo de tan cruda realidad. Lo siento. Elimino el reflejo, pero lamento no poder eliminar de la misma forma la realidad.

Las crisis no se resuelven ignorando la realidad ni haciendo dos bandos ni volando puentes. Todos somos un poquito buenos y un poquito malos, pero, como humanos, tenemos que buscar el equilibrio.

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