El hombre insultado

El insulto es una capacidad específicamente humana. No es posible entre animales de inferior categoría. Ellos son más directos que los humanos.

El que insulta se crece, levita, y espera la sumisión del insultado.

 

El insulto es pura violencia para provocar, y mantener, el sometimiento. Es amenaza constante. Es un virus que no puede curarse con pócimas ni medicamentos.

 

“La historia del hombre es el esperar con paciencia el triunfo del hombre insultado”.

 

Un triunfo que no interesa a los beneficiarios del insulto, porque tendrían que mostrar directamente su animalidad para obtener los mismos resultados: su intocable estatus. Eso implicaría un derroche de energía, un despliegue de actividades de control y una exposición a miradas indiscretas que… en principio no son interesantes, ni rentables, pero solo en principio.

 

La historia está llena de excepciones despiadadas. De nombres designados para impedir ese triunfo del hombre insultado: amin, boKassa, ceausescu, duvalier… franco, gadafi, hitler… kim, mussolini… obiang, pinochet… stalin…

 

“El hombre es peor que un animal cuando es un animal.”

 

El día a día está lleno de nombres que eligen el insulto para elevarse delante de los suyos, para creerse más y con más derecho a vivir como a ellos les parece que tiene que ser, para dictar al insultado lo que tiene que hacer, lo que ha de decir, lo que ha de callar y cómo debe vivir.

 

Y ocurre… que el hombre insultado se aguanta y aprende a vivir con la pena en el alma y no quiere violencia y se calla… porque piensa que “los hombres son crueles, pero el Hombre es generoso.”

 

Y el hombre insultado sigue confiando en la generosidad del Hombre, esperanzado en que el insulto sea lo máximo que tenga que aguantar de sus humanos semejantes.

 

Y el hombre insultado prefiere soportar la mentira diaria de los que insultan a tomar la determinación de señalar la realidad, como aquel niño que señaló con su dedo la real desnudez que todos conocían y que nadie se atrevía a señalar por miedo.

 

¿Es por miedo por lo que aguantamos?

 

 

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“Citas”: Aves errantes (Rabindranath Tagore)

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