dos historias

Todos los días se levanta antes que el sol. Acude, a la misma hora y al mismo lugar, al puesto que le asignaron hace muchísimos años y realiza su cometido sin que nadie valore lo que hace. O eso parece, a juzgar por la escasa atención que le prestan sus semejantes.

Es la historia de un ser que tiene que vivir automáticamente. La corriente es fuerte y no sirve de nada que se agarre a cualquier escollo que encuentra. Muestra su descontento ante otros seres en las mismas circunstancias, pero la corriente es fuerte. Solo es un ser vivo que nace, crece, se reproduce y… muere. En ocasiones solo nace y muere, y el resto carece de interés para nadie.

Toda historia debe relatar una relación entre seres, o entre seres y algo más, o entre algo y un ser por lo menos. No hay historia sin ser. No hay historia sin relación. Añadamos un tiempo y un espacio, metámonos dentro y ahí está nuestra historia.

Sin espacio, sin tiempo, sin seres y sin relaciones no existimos. No hay historia. Solo la nada.

Estamos a punto de quedar atrapados en la nada porque nadie tiene palabras para decirle al ser de al lado:

– ¡Tú vales!

– ¡Tú eres importante!

– ¡Tú eres!

– ¡Lo que haces es bueno para todos nosotros!

Al contrario. Los que dicen escribir la historia, porque saben lo que hacen, únicamente dicen:

– ¡Tú no vales nada!

– ¡Tú no eres importante!

– ¡Tú no eres!

-¡No tienes nada que hacer!

Toda historia, por insignificante que parezca, tiene -estoy seguro de ello- dos versiones por lo menos. Cuando el poseedor de una versión impone la suya no significa que esa sea la historia ni que la otra versión no exista. La Historia está harta de soportar esos chanchullos.

Tenemos que empezar a defender lo nuestro. Tenemos que decir lo importantes que somos, lo que valemos y que lo que hacemos es bueno para todos. Y que no podemos aceptar que nos dejen al margen de la historia. De nuestra historia. Porque tenemos derechos. Y si nos los quitan en defensa de “su” historia, podemos ejercer el derecho a morir luchando en defensa de la nuestra.

Eso es lo que tienen que saber los engreídos propietarios de la historia.

Anuncios

DESPOTISMO TIMOCRÁTICO

 La democracia basada en una mayoría silenciosa no es democracia, es otra cosa. Es urgente aclararlo, y poner en marcha las rectificaciones necesarias, para que la historia de España no sea el hazmerreír del mundo entero cuando, los que vivimos ahora, tengamos que entrar en ella por imperativo del tiempo.

 Aunque esa historia no sería solo la historia de España. Ahí están Grecia, Portugal, Italia, Irlanda, Francia, Alemania… con sus correspondientes mayorías silenciosas, con sus medidas para salvar el euro, con sus gobernantes adscritos al nuevo despotismo: el despotismo timocrático. Todo para el pueblo, pero no le digamos la verdad, que no sería capaz de soportarlo. Tomemos las decisiones nosotros, aunque les duela a ellos. Nosotros sabemos lo que hacemos. Ellos no. 

 La mayoría que quiere el gobernante que no se siente demócrata es la que no se manifiesta, la que está ahí apoyándole con su silencio. Cuando el gobernante está más cerca de ser, por sus acciones y sus omisiones, un déspota; no quiere gallitos en su corral, prefiere el rebaño.

 Sea cual sea el camino que haya recorrido hasta llegar a ocupar el puesto que ocupa, no quiere que los gobernados le hinchen las narices con tonterías. No admite quejas ni reclamaciones, porque quiere hacer creer que lo que hace es lo que hay que hacer, que no se puede hacer otra cosa con los materiales que tiene disponibles.

 Realmente, por el hecho de ser gobernante, cree que posee un don y no puede soportar ruidos que ahoguen su discurso y que mengüen su credibilidad. Él, entonces, las prefiere silenciosas -me refiero a las mayorías- y no lo puede ocultar, y aunque lo suyo no es la comunicación, aprovecha la menor ocasión para difundir sus preferencias ante las televisiones del mundo, que es como le gusta decir las cosas que le interesa proclamar a los cuatro vientos.

 Para que una mayoría sea considerada silenciosa debe dejarse llevar por la inercia del voto cuatrienal y permanecer en el limbo sin preocuparse de nada. Solo así, sostendrá el interesado gobernante, puede ser feliz él mismo y el individuo. Solo así, se le reconocerá efectivamente útil su voto. Solo así, dejando actuar a los que saben, todo será mejor para todos.

 El individuo no existe, para el déspota, fuera de su ubicación natural y, únicamente, dentro de esa masa uniforme será aplaudida su entrega. Ese dejarse llevar, anestesiado, por una pretendida seguridad -pobre iluso- de que nadie le expulsará jamás de su intocable paraíso, es la baza del déspota. Así, aislado, no es consciente de que su actitud le coloca en una posición de renuncia de su propio ser, en una irrealidad que le mantendrá ciego, no porque no pueda ver; que le dejará mudo, no porque no pueda hablar; que le hará sordo, no porque no pueda oír…

 Hasta que el déspota timocrático, que no dispone de libertad porque la liquidez manda, tiene que echar mano de lo que hasta entonces había sido intocable: la mayoría silenciosa; y aparece la exclusión, que siempre era para otros, y las contradicciones afloran y el ciego no tiene más remedio que mirar y ver lo que está ocurriendo y el sordo comienza a oír y el mudo revienta si no habla y el que era un santo, ahora es un nazi, porque el individuo se está dando cuenta de que las promesas eran engaños y la democracia… una quimera.

¿HAY ALGUIEN AHÍ?

Este sistema no asume que está agotado, pero lo está, y en el empeño de continuar vigente, como el animal herido de muerte que se aferra al hilo de vida que le queda, se hace más peligroso que en su plenitud. Cierra los ojos, embiste contra todo lo que se mueve y no le importa nada más que su supervivencia.

Cómo, si no, se iba a entender el empecinamiento, hasta las últimas consecuencias, en unas estrategias de confrontación cuasi bélicas, basadas en el encumbramiento de la economía: recortes presupuestarios impuestos a los gobiernos, pérdida de derechos adquiridos de los trabajadores, mentira y manipulación en la política y consiguiente desprestigio de políticos y sindicalistas…

 Es la última embestida de una bestia que ya no quiere contemplaciones con trabajadores ni con políticos ni con democracias que siempre han procurado, legítimamente, arrimar el ascua a su sardina en el desigual reparto de beneficios. Pero la bestia dice basta, que no hay más margen en el reparto y, consciente de su debilidad, prefiere morir matando: la crisis, como pretexto; las medidas para superarla, como contexto; un nuevo orden que, realmente, es un estudiado desorden que tiene su meta en el triunfo de lo que no es.

 ¿Y si esta vez no se construyen enormes campos de exterminio ni se destruyen vidas de manera tan burda como en la operación anterior? ¿Y si esta vez no cuenta con políticos ni militares ni bombardeos ni disparos? ¿Y si esta vez es puro diseño, alta ingeniería, economía elevada a categoría de divinidad y un pequeño ejército, vestido de negro, con todos los poderes de un proyecto que ha conseguido puentear las estructuras que hasta ahora podían oponerse a su ambición, las que habían arrebatado una pequeña parte de su poder, tras el fracaso del último proyecto?

No habrá gastos inútiles de mantenimiento. No se educará a todos, se instruirá en lo estrictamente necesario; no se repondrá la salud de toda la población, únicamente cuando esté justificada la inversión; no habrá trabajo permanente, solo cuando lo disponga el sistema automático de gestión. Las pruebas se están desarrollando con total fluidez y sin incidencias dignas de consideración. El nuevo orden completará su instalación definitiva en las próximas décadas.

La apuesta es, exactamente, la transformación de lo que es en lo que no es: igual que se “des-cafeína” el café; se “des-politiza” la política, se “des-democratiza” la democracia, se “des-humaniza” la humanidad… y todo queda hueco y sin su esencia… ¿para salvar qué?

Estamos a un paso de contemplar el triunfo del proyecto “des” y esperamos, ingenuos y confiados, que, llegado el momento, vamos a poder decir:

 –  “¡Oh! Todo ha sido un mal sueño.”

Lamentablemente no es un sueño. Estamos siendo conducidos a ninguna parte y nos estamos dejando llevar sin poner ningún tipo de resistencia.

Así vivimos sin saber

          si el aire es nuestro.

Quizá muramos en la calle,

          Quizá en el lecho.

Somos entre tanto felices.

          Seven o’clock

Todo es bar y delicia oscura.

          ¡Televisión!

(de “Los intranquilos” –Maremágnum– Jorge Guillén)

La idea es forzar al individuo a vivir con tan poco que deba encadenar trabajillos ocasionales para sobrevivir. Es preciso que sienta, no hambre, sino la posible inexistencia.

(de “Entre existence et inexistence: L’INTERMITENCE” Jean Paul Galibert)

 – ¿Hay alguien ahí?

 – ¿Hay alguien ahí?

Suspiros (2)

Cuando los ojos miran y “no pueden” ver,

algún oculto secreto quieren esconder.

¿Ganaste o te ganaron?

No es lo mismo ser sujeto que objeto.

¿Perdiste o te perdieron?

Si haces lo contrario de lo que dices,

no te atrevas a decir, jamás, te quiero.

Los humanos que pierden su esencia

no reconocen lo que ven

cuando se miran al espejo.

Callaba los beneficios mientras ganaba

y exigía a gritos repartir las pérdidas.

¡Pobre hombre! Murió rico.

La manipulación necesita

el cemento de la mentira.

Digas tú lo que digas,

ni antes era tan ángel

ni ahora soy tan demonio.

El verdugo se viste de víctima

para poder dormir.

¡Pobre diablo!

Creyó ganar cuando rompió su mundo,

pensando que así rompía el de los otros.

La ambición del estúpido es tener

y nada más le preocupa. ¡Qué peligro!

No se necesitan alas para volar

pero si hace falta cabeza.

La rama convenció al árbol:

— Yo soy única.

El árbol dejó de dar sombra.

Aquel animal se creía

el centro del universo,

pero solo era humano.

No es tristeza, no. No es cobardía.

Ni siquiera es un sentimiento todavía.

Es algo que solo el pobre Caín entendería.

—————————————————————————————————————————————————-

En memoria de todos los que, en un día como hoy, hace 82 años, creyeron en sus posibilidades como humanos.  Sigue leyendo “Suspiros (2)”