A los seres que nada tienen que decir: ¡No delegues en un ser inservible!

Vino en un claro, entre tormentas, y creyó que la palabra derecho era suya en exclusiva: derecho a juzgar sin criterio, a manipular, a estar por encima del bien y del mal, a decidir sin contar con los demás.

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Es un ser que alardea de lo que no es, que finge, que agota lo bueno que toca, que exige atenciones a cambio de nada: un ser sin sentido que cree que vuela y apenas se arrastra, que no piensa en nadie, que miente, que hiere, que causa dolor a quien más cerca tiene y les roba las noches y les rompe los sueños y los corazones, vacíos de esperanza por tantos dolores.

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Es un ser humano que desprecia al hermano, que cree saber lo que lleva entre manos, que ignora que hiere y que nada le importa. No se inmuta si ofende, si agravia, si humilla, si mata, si siembra desgracias… si rompe ilusiones.

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Es el ser inservible que no atrae a nadie, pero compra adhesiones y amarga las vidas y contamina el aire, y al final… los demás son los únicos culpables de sus propias maldades. Es un ser con derechos que nada debe a nadie. Es un ser que domina. Es un ser repugnante.

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Si te encuentras con él, no le dejes que intente atraparte, no le dejes que actúen sus infames patrañas, sus lamentos vacíos, sus promesas marcadas, sus infundadas razones para hacer lo hace y olvidar lo que dice. No le des nada tuyo. No le apoyes en nada. No delegues tu vida en un ser inservible que cree que vuela y apenas se arrastra.

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¡Abre los ojos, mira, piensa… y vive tu vida!

¡No delegues en un ser inservible!

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De los seres que nada tienen que decir: PERDIDO

Las prisas que imponen los nuevos dioses ya no le dicen nada. No sabe ya que “no hay mal que cien años dure”. El tiempo no importa. No importa ya nada ni nadie ni hombres ni dioses ni historias. Perdido en la nada.

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Jamás deseó influencia sobre nadie ni que nadie tratara de influir sobre él. Difícil equilibrio si viniste a nacer, en el primer cuarto del siglo XX, en un miserable pueblo perdido que no pudo aguantar el empuje de los tiempos y que terminó perdiendo a todos y cada uno de sus habitantes.

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Solo trabajo y paciencia, silencio y paciencia, paciencia y paciencia. Nada de influir en nadie ni que nadie le influyera. La vida medida a la dura realidad, sin desear más pero sin resignarse a la casi nada diaria de los años más duros en los que una de las opciones consistía en pasar desapercibido.

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Y hubo amor, con silencio y paciencia, y más vidas que unir a esa ciencia de vivir sin desear la inconsciencia de influir en los otros y admitir influencias. Unas vidas sin mucho, pero unas vidas llenas… de amor con silencio… sin más influencias.

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Mas el tiempo agota y las vidas crecen y se vuelven otras que ya no recuerdan la paciencia toda. Y exigen y vetan y quieren influencias y rompen la historia… de una vida digna que no quiso gloria.

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Perdido en la nada. No sabe ya que “no hay mal que cien años dure”. El tiempo no importa.

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En el primer cuarto del siglo XXI, él está perdido. Nada de influencias. Flotando entre vidas, se hundió su memoria, se perdió en la historia… como tantos seres que no buscan gloria.  No será consciente de la velocidad con que se están perdiendo todas las conquistas de los seres que, como él, se ocuparon de que su trabajo les proporcionara la libertad y la dignidad que se merece todo humano. Perdido en la nada, ya ni espera… que sea verdad aquello de que “no hay mal que cien años dure”.

De los seres que nada tienen que decir: RENDIDA

Consciente de que siempre le faltaría la libertad de dar los pasos que otros daban. La teoría oficial señalaba que tenía las mismas oportunidades que los demás. La realidad tozuda le estaba negando, de oficio, aquella predicada libertad. Aunque, ante los demás, mostraba siempre una sonrisa; era solo apariencia de una alegría inexistente, porque de nada valía la teoría ante su realidad. Ella era diferente.

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Una corredora a la que, incomprensiblemente, sin ninguna explicación, habían trabado antes de comenzar la carrera y tras el pistoletazo de salida solo podía contemplar, con desazón y amargura, cómo se alejaban los demás corredores mientras ella, con su teórica igualdad de oportunidades, no podía avanzar ni un solo palmo. Y lo peor es que aquello no era un sueño ni una pesadilla; era su puta realidad.

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Ella era una persona que tenía que contemplar, cada día, las espaldas de los demás que, sin apenas esfuerzo, tomaban la carrera como algo tan normal y tan satisfactorio para ellos. Ella contemplaba, sin lágrimas en los ojos, cómo se alejaban, cada día, los demás corredores y su hermano gemelo. Sabía perfectamente que no tenía más remedio que soportarlo, pero jamás lo aceptaría porque no lo podía entender.

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Era consciente de su rendición incondicional ante la evidencia de que la carrera, tal y como estaba planteada, era injusta porque no tenía la más mínima posibilidad de competir. El planteamiento real de la carrera no tenía nada que ver con las teorías de la igualdad de oportunidades que, no se sabe a que tipo de conciencias van dirigidas; pregonan una irrealidad fácilmente cuestionable; tan fácil que una rendida como ella la podía cuestionar todos los días de su vida.

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El asunto estaría mucho mejor orientado si la carrera diaria no estuviera programada como una competición. Si quien tiene más posibilidades no estuviera obligado a utilizar todo su potencial para sacar la mayor ventaja posible a los demás. Si el auténtico éxito en la sociedad se midiera con un patrón de cooperación y de solidadridad. Pero entonces estaríamos en otro mundo. Otro mundo posible en el que ella no se habría rendido porque nunca habría visto las espaldas de los demás corredores.

EL CLUB DE LOS PODEROSOS

2014

Si la democracia es el gobierno del pueblo, los objetivos secretos de los gobiernos y los siniestros grupos de presión son incompatibles con la democracia. La propia idea de esferas clandestinas de influencia dentro del gobierno que emprenden campañas secretas contra la humanidad es, por tanto, ajena a la noción de libertad y debe combatirse con entusiasta determinación, a menos que deseemos repetir los fatales errores de un pasado no tan distante.

DANIEL ESTULIN, Los secretos del Club Bilderberg

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Habían caído, uno a uno, todos los derechos conquistados con sacrificadas luchas de los trabajadores, la independencia de las naciones, la dignidad del ser humano…

Y no sucedió así por la fuerza de las armas convencionales, como se había intentado por dos veces casi consecutivas durante el siglo XX, sino por la eficacia de la planificación del Club de los Poderosos que, desde 1954, había ido configurando secretamente “El futuro del mundo”.

Aunque habían existido valientes que trataron de dar aviso, a aquel mundo, de las actividades y manipulaciones que, ya en 2006 alguien definió como el “Gobierno Mundial en la sombra” (“un grupo formado por políticos, empresarios, banqueros e individuos poderosos”), la mayoría de la población a lo más que llegó fue a la indignación localizada; jamás fue capaz de articular una mínima oposición a lo que se iba imponiendo bajo el pretexto de pretendidas y sucesivas crisis.

Había quedado en buenos propósitos de ciertos individuos de la especie humana aquello de “libertad, igualdad y fraternidad”. Para la mayor parte de los mortales jamás supuso beneficio alguno la existencia de esos buenos propósitos, porque su realidad no se había construido con semejantes materiales.

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2054

La gente que defiende la verdad no es suprimida, sino que más bien se la hace parecer irrelevante.

HENRY MAKOW, A Long Way to go for Date (citado en “Los secretos del Club Bilderberg)

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Las comunicaciones interpersonales por medios mecánicos fueron prohibidas de la noche a la mañana, por motivos de seguridad, hace casi veinte años; lo que supuso, por decisión unánime del Comité Internacional, la eliminación del último “privilegio” antes de la instauración del Nuevo Orden Mundial (N.O.M.)

Pasan los días en la incertidumbre de si se van a volver a publicar libros, de si van a ser contadas las historias de los seres que nada tienen que decir porque lo suyo, desde que fueron concebidos, es seguir la corriente hasta quedar varados por cualquier circunstancia aleatoria que no preocupa lo más mínimo al N.O.M.

Existen los pájaros y los seres que nada tienen que decir, pero es lo mecánico lo que hace funcionar el universo y lo único que es valorado por el N.O.M.

Los ruidos no cesan ni de día ni de noche. Los más abundantes, los ruidos de tierra: monótonos, redondos, más o menos intensos y siempre capaces de silenciar los cantos de los pájaros, una vez dominantes y ahora dominados irremediablemente, como los propios sonidos de los seres que ya nada tienen que decir.

Hay ruidos de mar y de aire. Ruidos cotidianos, infinitamente más importantes que los cantos de los pájaros y que los sonidos de los demás seres carentes ya del valor que un lejano día tuvieron.

Siempre hubo formas diferentes de hacerlo, pero, el resultado es el mismo. El poder, egoismo puro, nunca permite contemplaciones de ningún tipo, nada humano existe ya; únicamente el interés.

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Con semejante argumento no sería difícil adivinar que este tipo de historias imposibles jamás serían contadas en aquellos años de explendor, de libertad… porque carecerían de interés para cualquier lector medianamente exigente. Pero en 2054, en la época del hombre despojado… ¿qué se diría de quien se atreviera a contar las historias de aquellos seres que nada tenían que decir?