De los seres que nada tienen que decir: RENDIDA

Consciente de que siempre le faltaría la libertad de dar los pasos que otros daban. La teoría oficial señalaba que tenía las mismas oportunidades que los demás. La realidad tozuda le estaba negando, de oficio, aquella predicada libertad. Aunque, ante los demás, mostraba siempre una sonrisa; era solo apariencia de una alegría inexistente, porque de nada valía la teoría ante su realidad. Ella era diferente.

.

Una corredora a la que, incomprensiblemente, sin ninguna explicación, habían trabado antes de comenzar la carrera y tras el pistoletazo de salida solo podía contemplar, con desazón y amargura, cómo se alejaban los demás corredores mientras ella, con su teórica igualdad de oportunidades, no podía avanzar ni un solo palmo. Y lo peor es que aquello no era un sueño ni una pesadilla; era su puta realidad.

.

Ella era una persona que tenía que contemplar, cada día, las espaldas de los demás que, sin apenas esfuerzo, tomaban la carrera como algo tan normal y tan satisfactorio para ellos. Ella contemplaba, sin lágrimas en los ojos, cómo se alejaban, cada día, los demás corredores y su hermano gemelo. Sabía perfectamente que no tenía más remedio que soportarlo, pero jamás lo aceptaría porque no lo podía entender.

.

Era consciente de su rendición incondicional ante la evidencia de que la carrera, tal y como estaba planteada, era injusta porque no tenía la más mínima posibilidad de competir. El planteamiento real de la carrera no tenía nada que ver con las teorías de la igualdad de oportunidades que, no se sabe a que tipo de conciencias van dirigidas; pregonan una irrealidad fácilmente cuestionable; tan fácil que una rendida como ella la podía cuestionar todos los días de su vida.

.

El asunto estaría mucho mejor orientado si la carrera diaria no estuviera programada como una competición. Si quien tiene más posibilidades no estuviera obligado a utilizar todo su potencial para sacar la mayor ventaja posible a los demás. Si el auténtico éxito en la sociedad se midiera con un patrón de cooperación y de solidadridad. Pero entonces estaríamos en otro mundo. Otro mundo posible en el que ella no se habría rendido porque nunca habría visto las espaldas de los demás corredores.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s