EN EL PAPEL EN BLANCO

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En el papel en blanco se encuentra a gusto porque le permite el vuelo, campar a sus anchas, sentirse libre y hacer uso de esa libertad privada para crear ilusiones que solo están permitidas a los niños o a los locos, los únicos -se dice- que dicen la verdad.

Allí, a aquellas ilusiones creadas, no se atreven a llegar las leyes injustas de los que siempre quieren más -siempre más- a costa de los que apenas tienen. Y si pretenden llegar, con el uso de algún “encantamiento” o artilugio -legal, por supuesto-, no tienen el poder para intimidar.

-¡Se siente!-

Pero las leyes injustas pueden hacer daño, mucho daño, a los que apenas tienen ya nada que perder. Ese “apenas tienen” lo quieren ellos -los que siempre quieren más- y, ellos, hacen sus leyes para poder apoderarse de lo poco que pueda quedarle a los que apenas tienen.

-¡Hijos de puta!-

Pero cuidado, cuidado, cuidado…

Cuando se pierde todo, todo, todo; también se pierde el miedo. Y, llegados a este punto, ya no servirán las leyes; ni siquiera las justas -si existieran-, ya no habrá poder que pueda nada, ya todo se volverá blanco como el papel en blanco; y puede suceder que aparezca el vuelo, sin miedos, de los que siempre callaron, aguantando las leyes injustas; puede suceder que se inicie el vuelo de los grandes silencios que se cansaron de tanto ineficaz susurro; puede suceder que aullen, enloquecidos, por todas las latitudes, hasta intentar enterrarlos en el mar, una vez más.

Érase una vez…

¡No! ¡No! ¡Por favor! ¡Esto no es un cuento! Esto es muy real. Una realidad que no permite -como siempre- la alegría en la casa del pobre.

Lo malo que tiene este vuelo, en soledad, es que no da, apenas, para nada. El vuelo que merecería la pena vivirse es el vuelo colectivo. El que temen los que hacen sus leyes para detener las ilusiones de los que un día perdieron su ilusión y ya apenas tienen nada. El vuelo de los pronombres todos: de los desilusionados ilusionados, de los muertos vivos, de los caídos levantados, de los resignados inconformistas…

Él, en el vuelo solitario de su papel en blanco, vive esperanzado en el definitivo vuelo colectivo, vencido el miedo, que haga justicia a todos los que no tuvieron una vida digna por la ambición de otros.

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EPÍLOGO

VII

Y AHORA ME VOY

Y me voy sin haber recibido mi legado,

sin haber habitado mi casa,

sin haber cultivado mi huerto,

sin haber sentido el beso de la siembra y de

la luz.

Me voy sin haber dado mi cosecha,

sin haber encendido mi lámpara,

sin haber repartido mi pan…

Me voy sin que me hayáis entregado mi hacienda.

Me voy sin haber aprendido más que a gritar

y a maldecir,

a pisar bayas y flores…

me voy sin haber visto el Amor,

con los labios amargos llenos de baba y de

blasfemias,

y con los brazos rígidos y erguidos, y los puños

cerrados, pidiendo Justicia fuera del ataúd.

                                                León Felipe. (GANARÁS LA LUZ)

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2 comentarios sobre “EN EL PAPEL EN BLANCO

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