Once upon a time…

En un minúsculo e inhabitado punto del universo, por circunstancias que aún continúan en estudio, surgió algo nuevo, único, distinto; algo con capacidad para perpetuarse, para diversificarse, para adaptarse, para crecer… en el tiempo.

Hubo tal crecimiento, y tan diverso, que se hicieron clasificaciones a las que se denominó reinos y al frente del reino más importante se colocó el clasificador: el animal más inteligente, que se autoproclamó el ser más perfecto del universo.

Pero la inteligencia no ha sido, ni de lejos, lo más perfecto del universo. Y el homo sapiens nunca quiso convencerse de aquella realidad. A lo largo de muchísimos años ha elaborado diferentes explicaciones de sus orígenes, su misión, su transcendencia, su puesto en el cosmos… y ha dado lugar a que se desarrollen diferentes concepciones -míticas, filosóficas, religiosas, científicas- respecto de su ser. Ha sido capaz de hablar miles de lenguas y, sin embargo, se dice que es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Ha hecho miles de guerras y ha matado por matar…

Hasta aquí, digamos, todo fue naturaleza. A partir de aquí… tristeza: homo sapiens idea homo faber y el dominio sapiens sobre faber, únicamente para tener cada vez más en ese punto que considera su reino absoluto: su metonímico universo.

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Una mano invisible quiso detener el tiempo para agregarlo a la colección de tesoros de la restringidísima Comunidad sapiens. El tiempo era una de las pocas cosas que faltaban en su colección de tesoros. La Comunidad de los poderosos estaba harta de acumular fracasos estrepitosos en la “adquisición” de tan preciado bien.

La mano invisible de los poderosos, aquellos que nunca estuvieron satisfechos con el verbo tener y que siempre quisieron más y más, dispuso una hoja de ruta para hacer suyo su universo, sometiendo a la mayoría y dando el golpe definitivo a la estúpida pretensión de algunos ridículos faber, defensores de la igualdad entre humanos.

Después de todos los fracasos anteriores, de inútiles guerras y millones de muertos, inventaron un nuevo modelo de guerra en la cual los bombardeos diarios se hacían a través de la prensa, la radio y la televisión: la crisis, los mercados, la prima de riesgo, el paro, la incertidumbre… manipular el tiempo.

Los hombres de negro, con su hoja de ruta en sus negros maletines negros, detuvieron el tiempo: ¡Nadie notó nada! El miedo instalado individualmente. Ligeros temblores de tierra… y de cielo, casi imperceptibles…  menos espaviento que el que hace el trueno.

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El día que al tiempo le dieron la vuelta, comenzó a correr por donde había venido, los relojes giraron hacia la izquierda y las horas retrocedían. A aquella noche no le sucedió el día: Seven o’clock, las seis, las cinco, las cuatro… las tres, las dos, la una…

Llegó la noche más larga que jamás había existido. Por fin, el hombre inteligente lo había conseguido: doblegar el tiempo y dirigirse, inexorablemente, al principio…  ¿del fin?

…”En un minúsculo e inhabitado punto del universo, por circunstancias que aún continúan en estudio, surgió algo nuevo, único, distinto; algo con capacidad para perpetuarse, para diversificarse, para adaptarse, para crecer… “

¡No estaba previsto!

La inteligencia no es lo más perfecto del universo.

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Un comentario sobre “Once upon a time…

  1. En un minúsculo e inhabitado punto del universo, por circunstancias que aún continúan en estudio, surgió algo nuevo, único, distinto; algo con capacidad para perpetuarse, para diversificarse, para adaptarse, para crecer”

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