Salvar al humano que llevamos dentro

Salvar al humano que llevamos dentro
Imagen tomada de la red

El humano que delega en otro, para que ese otro haga lo que él mismo podría hacer, lo que él mismo debería hacer, da consistencia a que sean las circunstancias las que lo modelen (Recordemos aquel “Yo soy yo y mis circunstancias” de Ortega y Gasset). Y ya que lo recordamos, analicemos qué es lo que ocurre cuando consentimos en dejarlo todo a las circunstancias, minimizando el “yo”. Es dar alimento al animal que llevamos dentro para que solamente él pueda crecer, para que se haga fuerte y musculoso y, si es posible, con apariencia de felicidad imperturbable y defensor, siempre, de lo que está ya diseñado y listo para llevar, de lo que otros han determinado como necesario para su ínfimo e imperceptible yo.

Es ese animal humano el preferido por los potenciadores de las circunstancias. Es ese animal al que se le puede enseñar para que responda a las necesidades que se le crean y que se le ofrecen continuamente para que tenga, al menos, la sensación de que elige algo libremente.

Cuando son las circunstancias las que configuran al humano que cohabita con el animal, es el animal el que triunfa en detrimento del humano que se ha dejado arrastrar a lo más bajo de su propia consideración.

Los intereses del manipulador siempre van a apostar por las circunstancias, por el animal, por lo que tiene vigencia normativa, por la tradición, por la seguridad -todo lo anterior entre comillas- y se esforzarán en negar, por cualquier procedimiento, la educación y todo lo que suponga atención al yo; porque se educa al hombre, no al animal, porque si el humano crece; se hace libre de manipulaciones y zarandajas.

Precisamente ese crecimiento es lo que, manipulando, intentan, desde siempre, evitar para el bien de sus haciendas y de sus egos, aquellos que dicen saber lo que hay que hacer en todo momento… para continuar protegiendo el ascenso continuo de las tasas de beneficios de sus respectivos amos.

¿Y los intereses del que pervive enajenado, vegetando cobardemente, pero con trazas de humano aún?

¿Quién salvará al humano que llevamos dentro?

“Ellos” -los políticos corruptos y los grandes amasadores de fortunas sostenibles- nunca lo harán.

Salvar al humano está en las manos del propio humano consciente de su yo y tomando la iniciativa para no dejarse llevar por las circunstancias que “ellos” van mostrando como verdades indiscutibles.

Salvar al humano
que llevamos dentro
Es elegir más yo
y menos circunstancias.
Es abrir la boca
para decir ¡basta!
Y que lo dicho
se convierta en hecho.
¡Basta! ¡Basta! ¡Basta!
Salvemos al humano
que llevamos dentro.



Salvar al humano que llevamos dentro – (c) – grojol

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