DESENCUENTRO ABSOLUTO

Inaki Miranda - "Desencuentro"- Collage/Acrylic-
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Empujaba su soledad igual que lo hacía con el carrito azul de su habitual supermercado. Y como todo hábito profundamente arraigado, ambos empujes los hacía automáticamente y sin esfuerzo alguno. Mientras empujaba, trataba, siempre, de dejar la mente en blanco para descansar, por un momento, de dar más vueltas a algo tan trillado.

Cogió, mecánicamente, el papelito para el turno de la pescadería y se dispuso a echar una ojeada de inspección en busca de algún capricho fresco y asequible. De pronto; al levantar la mirada de la descomunal boca de rape que, hasta el momento, era el candidato número uno para el capricho del fin de semana; la relajación que los automatismos de empuje le habían proporcionado en los últimos meses se hizo añicos. Igual que aquella copa de cristal de Bohemia que, hace ya tantos años, le vino a confirmar que lo que él -el que, a pesar de todo, sería el padre de su hijo- bebía; era para compensar lo que no vivía.

¡Acababa de ver al demonio en la pescadería! El aire le faltaba igual que cuando sufría los ataques de alergia, pero ahora, en pleno inicio del otoño, no estaba preparada para combatir dolencias propias de la primavera. Y… ningún aerosol estaría preparado para contrarrestrarla a ella, su odiada rival, la causante de todos sus males.

Empujó el carro por el pasillo más próximo y, con mirada de torero hacia el tendido, se alejó pausadamente, sin sobresaltos, sin mostrar su contrarieadad; como solía mostrarse ella: señora, estirada y sin sonrisa; en dirección a la salida sin compra. Ya pagaría alguien por la insoportable contrariedad que estaba intentando superar, como siempre, sola.

Pero… ¡Qué cruel resulta, a veces, una carambola del destino!

Esa mirada torera, de aparente superioridad, sufre una súbita transformación que hubiera resultado incomprensible un segundo antes; los ojos se abren más allá de sus posibilidades físicas y se tornan incrédulos; como si un toro bravo hubiera sorteado todas las barreras y se hubiera plantado, de improviso, ante el desarmado espada que abandonaba la arena con las manos vacías.

¡Era él! ¡Él! Era él, el que empuja un ridículo carrito azul,  el que se aproximaba, embobado, mirando hacía la pescadería, buscándola a ella. Sí a ella, al demonio.

Mientras se cruzaban los carritos, intentó recuperar la compostura, pero fue incapaz…  al comprobar que él la miraba a la cara y le buscaba los ojos. Ella no pudo resisirlo… la cabeza se inclinó y sus ojos, sin poder remediarlo, se clavaron en el suelo.

Desencuentro absoluto
Imagen: grojol

Las decepciones tienen eso…
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En el siguiente enlace: http://espacioaureo.wordpress.com/2014/06/11/y-de-eso/ encontrarás un magnífico poema. La primera vez que lo leí me atrapó y yo lo atrapé a él. Ahora lo quiero mostrar aquí porque complementa este ocasional DESENCUENTRO y ofrece una salida digna a todos los demás.

¡Gracias ESPRAMI!

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DESENCUENTRO ABSOLUTO -(c) -grojol