2. Y resulta que…

«El único hombre que no se equivoca es aquel que nunca hace nada»
J.W. Goethe

Los humanos, como animales, tenemos nuestros instintos y, como buenos animales, los usamos. Tenemos, además, capacidad demostrada para ejercer con dignidad nuestra parte humana en las relaciones con nuestros semejantes, sea por la parte animal sea por la parte humana. El problema se presenta cuando pretendemos olvidar una de las dos facetas de nuestro ser. Cuando nos conformamos con nuestra animalidad y, como escribió un gran poeta del 27 (*1), resulta que…
 “Ganamos, gozamos, volamos.
                    ¡Qué malestar!” …

… no conseguimos estar satisfechos con lo que tenemos.

O cuando nos olvidamos de ella, de la parte animal, y nos creemos todo inteligencia y nos consideramos lo mejor y lo único de valor que hay en este mundo y, como escribió otro gran poeta del 27 (*2), resulta que…

… “Era dueño de sí, dueño de nada.

…tampoco podemos sentirnos plenamente satisfechos.

El caso es que el que más y el que menos, alguna que otra vez, o como costumbre; ha procurado destacar una de dichas partes, o de ocultar la otra, para quedar bien delante de otros, en unos casos, o para ponerse por encima de ellos, en un absurdo alarde de superioridad; ignorante de que, al final, todos vamos a ser iguales (allá quien quiera, o pueda, creer otra cosa. En su derecho está).

Otra cosa es cuando hay mirada al espejo, cuando hay afán de introspección, cuando nos atrevemos a mirarnos bien por dentro y nos permitimos apreciar perfectamente de qué pasta estamos hechos. En ese momento sabemos que siempre podremos revertir el engaño.
Lo malo es que el abuso conduce al hábito, el hábito lleva a la dependencia en demasiadas ocasiones, y la dependencia… ¡Ay, la dependencia! La dependencia, puede resultar irreversible, sobre todo si a ella le añadimos la falta de… ya sabéis -llamémosle equis-.

(Consúltese la entrada anterior -“1. Camino inexistente”- en caso de necesitar algún tipo de aclaración sobre la mencionada “falta de…”)

Si nos ponemos a pensar… esa fatídica “falta de…” podría ser la responsable de nuestra situación actual como humanos. Esa reiterada “falta de…” pudo hacer que, en un momento determinado, no llegaran a ocurrir acontecimientos importantísimos para nuestra especie y, al suceder otros de menor profundidad y relevancia, hubo de variar el discurrir de la historia y, aquí estamos, quién sabe si totalmente distintos a lo que hubiéramos sido de no haber existido aquellas desafortunadas “faltas de…”.

¿Sería el mismo nuestro carácter, nuestras creencias e incluso nuestro auto-asignado puesto de privilegio en este mundo? ¿Cuánto tiempo habrían estado esperando nuestros ancestros hasta que consiguieron, de otros humanos, el título de “homo sapiens”? ¿Cuántas veces fueron objeto de burla y considerados, por otros humanos, animales que vivían en cavernas? ¿En qué nos benefició la evolución? ¿Mejoró o empeoró nuestra situación en el mundo? ¿Tuvo influencia en la proliferación de las guerras… de los dioses… del dinero? ¿Existió siempre un selecto grupo de decididos que asumió las decisiones? ¿Hemos llegado hasta aquí de la mano de grupos de esas características? …

*1 Jorge Guillén. “Los intranquilos”
*2 Manuel Altolaguirre. “El egoísta”

(Si quieres leer los poemas completos busca en las etiquetas de estos dos autores. Habrá algún enlace a ellos en alguna de las entradas que aparezcan)