El hombre es libre… para ser bueno

Que el hombre es bueno por naturaleza cuenta con muchos defensores.

No sé si suficientes -yo diría que nunca serán demasiados-. Tampoco sé si las indiscutibles excepciones que existan, aunque sea para confirmar la regla, deben ser consideradas despreciables, estadísticamente hablando, para aceptar la afirmación con alegría y con todas sus consecuencias.

Otra cuestión es cuando nos planteamos si el hombre -varón y mujer- es libre.

Lo cierto es que el hombre, que puede ser un lobo para el hombre, es capaz de ser la mayor esperanza para auto-recuperarse de las nefastas consecuencias de su torpe y nefasto proceder. Solo necesita actitud…

Actitud para gestionar dos cosas, para lo cual siempre es libre: ser capaz de ponerse en el lugar de un semejante, para intentar saber qué es lo que el otro siente; y comprender que, definitivamente, es cierto que si escupe hacia arriba tiene muchas posibilidades de que el escupitajo le caiga en la cara.

Sin esa actitud… -sin empatía y sentido común- no es posible que exista el humano bueno, pero siempre es libre para serlo.

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Esta boca es mía

Después de tanto tiempo sin decir “esta boca es mía” (las circunstancias que, siempre que nos superan, terminan por invitarnos a reaccionar) va siendo hora de volver a hacer camino, de reponerse, de atreverse… (como magistralmente sugería Vicente Aleixandre en ‘Historia del corazón’ – “En la Plaza”) …a entrar de nuevo…

“…
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!”

 

Ya sé que es tarde para el reencuentro con algunos. Me pesa mucho la sola idea de haberlos perdido para siempre. Otros pequeños corazones han sufrido, no lo dudo, y quizá otros estarán sufriendo más que yo he sufrido.

Es el camino. El camino que hacemos paso a paso. El camino que nos hace a nosotros. El camino que nos transforma haciéndonos parte de algo más grande… ese corazón unánime que nos alcanza.

¡Aquí estoy!

Esta boca es mía.

 

 

Sé lo que hiciste, Marisa

Complicada Marisa:

Sé lo que hiciste con tu familia.

Sé lo que has roto para lograr tus propósitos. Sé las manipulaciones que has hecho, las calumnias que has difundido entre tus “amistades”. Sé cómo has llevado a tu madre (también fue mía) a ese terreno en el que te mueves con tanta pericia. Sé cómo urdiste con ella una alianza a través de la cual habéis burlado la voluntad de mi padre (también fue tuyo).

En estas líneas puedes comprobar que siempre hay un camino alternativo a la manipulación y a la violencia. Se trata de contar lo que ha sucedido, sin aditivos interesados y sin pretensiones oscuras.  A propósito, como habrás comprobado ya, no he hecho caso a tu último desafío: no hay, ni habrá, denuncia ni a tu madre ni a ti.

Eso sí, tus amistades van a poder saber lo que yo sé.

Lo que, intencionadamente, les has ocultado para dar mejor cobertura a tus manipulaciones.

Los beneficios que has obtenido en tu interesada y desleal administración.

La  manipulación de tu propia madre hasta el punto de hacerla proclamar, recién muerto mi padre, en el mismo tanatorio, que ya no tenía “a nadie más que a su hija (tú) y a su nieta”; hasta hacerla despreciar, desde hace mucho tiempo, a sus otros hijos, a sus otros nietos y a sus biznietos; hasta provocar que no pudiera apreciar a nadie que no llevara tu aprobación.

Sé que siempre, en cualquier relación, has buscado obtener beneficio. Sé que has sido implacable en los finales, cuando ya no te resultaban rentables.

Efectivamente, yo no te soy rentable desde hace casi el mismo tiempo del dirigido desprecio de tu madre. Has sido implacable al mantener la misma mentira durante tantos años: que tus hermanos (yo el que más) abandonaron a tus padres y tú te tuviste que hacer cargo de ellos.

Dicen que tus contundentes mentiras se harán añicos con el tiempo. Que será él el que te ponga en el sitio que te corresponde. Que  él será el notario de tus fechorias y dará fe de la falsedad de tus palabras, del interés de tus calumnias, de la apropiación indebida que ya disfrutas. Realmente yo ya no necesito tiempo. ¡Que te aproveche!

La alianza que has forzado es la que se está beneficiando de la burla de la voluntad de mi padre y ese beneficio es la prueba de lo que has hecho. No pretendas poner la guinda insinuando que la única responsable es tu madre; que si ha hecho lo que ha hecho, por algo será -¡claro que es por algo!- o que la denuncie.

Cuéntales a tus amigas lo que ya sabes que yo sé.

Cuéntales que desviaste la práctica totalidad de los ahorros de mi padre -tu padre-, cuéntales que le hacías firmar (conociendo su estado) contratos de alquiler y lo que hacías con el dinero obtenido, cuéntales con qué dinero te compraste el coche que conduces., cuéntales cómo y por qué dejaste vacías sus cuentas bancarias y para qué abriste plazos fijos, en su nombre, en una sucursal en la que jamás estuvo él, cuéntales cuantos años has estado sacando más de dos mil euros mensuales de la cuenta de mi padre (tu padre). Cuéntales… Cuéntales por qué. Cuéntales para qué.

Ya burlaste la voluntad de mi padre. Ahora estás empeñada en ser la voluntad de tu madre. Ya sé que has dado el paso definitivo para poder hacerlo. Ya sé que has recurrido a un notario y a dos testigos de tu nueva familia -eso que tú llamas amigos, y que lo son, estoy seguro,  porque no conocen tus mentiras-.

Sé lo que hiciste, Marisa. Sé lo que eres capaz de hacer.

Yo ya soy libre, como mi padre, de tus manipulaciones. Me apena el papel de tus manipuladas y de tus manipulados, porque fui uno de ellos y conozco las consecuencias.

¿Comprendes? ¡Fui!

Desde ahora ya no me hace falta ser “aspirante a loco”.

¡¡Venga ya!!

 

Adiós, aspirante a loco, adiós

El veintisiete de septiembre de dos mil diecisiete mi padre hubiera cumplido noventa y cinco años. Los últimos que vivió no fueron buenos. Se hicieron duros, por la edad y por egoístas maniobras que su hija -sí, mi hermana- añadió desde el principio de su declive. Maniobras sí, que, entre otras cosas, provocaron el nacimiento de este blog y todas sus contingencias (ausencias incluidas).

El próximo nueve de octubre se cumplirán seis meses de la ausencia física de mi padre. Afortunadamente no fue consciente de todos los terremotos habidos en su familia, provocados por esa hija y consentidos por su mujer -sí, mi madre- que, sin demencia y con ayuda de su “salvadora”, fue olvidando lo que sus hijos quisieron siempre a sus padres y todo lo que hicieron en todo momento, hasta terminar entregándose ciegamente a la sinrazón de su hija.

Casi seis meses ya de descanso. Atrás quedaron todos los momentos compartidos, los alejados buenos momentos y los cercanos malos. Aquí quedamos, destrozados, los que pertenecimos a una familia hoy rota por la sinrazón.

Pido perdón por esta vuelta, tan personal, y por la última ausencia. En las próximas semanas “aspirante a loco” habrá de reinventarse sin el tormento constante de sucesos tan difíciles de digerir; pero con la satisfacción, eso sí, de haber acertado en todos los diagnósticos realizados en su momento. Quiero agradecer la compañía a todos los que me siguieron y, especialmente, a los que compartieron conmigo retazos de vida y de experiencias. No os he olvidado, os lo aseguro, y espero, de corazón, volver a los mismos sentimientos que pude experimentar cuando no los encontraba en donde se suponía que, por naturaleza, debían encontrarse.

La que fue mi hermana se convirtió en Marisa en “aspirante a loco” (recuerdo1). Me leyó en alguna ocasión y se reconoció muchas veces, aunque no entendió nunca, porque nunca fue muy de entender lo que no le interesaba. Una vez utilizó sus influencias -ya no tiene ninguna- para modificar algo de lo publicado (-ver nota de grojol- recuerdo2). Sé que no le gusta nada verse reflejada en este espejo, pero en unos días le dirigiré la carta final. Carta que supondrá el adiós a esta etapa y el comienzo de mi vuelta al blog, sin más aspiraciones que seguir caminando en libertad.

grojol