Vivir sin pronombres

Vivir sin pronombres, entregados al destino,

no es vida. Es miseria humana embrutecida.

Es vivir sin color, con el alma dolorida,

sin luz, sin esperanza, sin ilusión, sin tino.

 

El alma solo sabe llorar su triste sino,

rendida al abandono de quien de sí se olvida.

No deja de quejarse de su propia herida

sin comprobar siquiera que siempre hay camino.

 

No es bueno castigarse a vivir de esta manera,

lamento con lamento, siempre como alma en pena,

sin dar opción a ser. Siempre con dolor por fuera.

 

Y por dentro… el vacío de una luna llena.

Sin espacio al amor, al sueño, a la quimera,

al caminar junto a otro en busca de vida plena.

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Humano ¿Dónde estás?

Humano.
¿Dónde estás?

No te encuentro
en el amor
y no me quejo.
Me quejo del amor
que no existe.

La culpa no es de uno,
es de todos.

Si te busco,
siempre estás
en la mentira
y no te dejo.
Dejo la mentira
que existe.

La culpa no es de uno,
es de todos.

¿Para qué quejarse
cuando el amor no existe?
Lo indicado
es amarse.

¿Para qué dejarse
y que gobierne la mentira?
Lo adecuado
es liberarse.

La culpa no es de uno,
es de todos.

Sin hacer nada.
¿Dónde está el humano
que resiste?

Sin dar nada.
¿Dónde está el humano
que ama?

¿Dónde estás?
Humano.
¿Dónde estás?

4. Se hace camino…

…“Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
“…
Antonio Machado

Nada más lejos de mi intención que pretender hacer una guía de pasos por un camino que no existe. Sería ponerme a la altura de los avispados vendedores de humo que hipotecan, sin escrúpulos, las voluntades de cuantos incautos, creyendo en la buena humanidad de sus semejantes, muerden los afilados anzuelos que aquellos distribuyen en este alborotado mar de intereses.

El camino en el que nos ponen desde que llegamos a este mundo está marcado por ellos, los vendedores de humo. Ellos lo tienen preparado para que todo sea como es, “como debe ser”. Cualquier tipo de alteración sobre lo programado habrá de pasar los controles previos que ellos han decidido de antemano y, en todo momento, los cambios que hubieran tenido que ser aceptados deberán reconducirse, lo más rápido posible, para que todo vuelva a ser “como tiene que ser”; como les gusta a ellos que sea.

La familia y la escuela, que son cosa de ellos, son las encargadas de mantener, por las buenas, la situación controlada. En ambas instituciones se reproduce continuamente la enseñanza de perpetuación (tener que + infinitivo = obligación), a la que se va añadiendo, sin que nadie lo note, el aditivo del miedo. Otras instituciones se encargarán de asuntos más profundos y graves, pero esa cuestión no es la que nos ocupa ahora. Ya llegará el momento de ocuparse de ellas.

Para hacer camino es preciso que sepas quien eres.

Eres un ser humano. Un ser humano que no es menos que otro ser humano -tampoco es más, aunque ese desajuste -el creerse más que otro- es más propio de ellos-. Eres un ser humano con vida propia, con sentimientos, con capacidades… y, esto es muy importante, un ser humano que no ha venido al mundo con un camino predeterminado por el que deba transitar.

Tienes que saber que si siempre está presente lo que tú quieres y sientes, es porque es natural. Lo que no es natural es que todo esté ordenado para que cuando haya discrepancia, gane el “tener que más infinitivo” que te han enseñado; o, dicho de otra manera más horrible, que siempre gane la renuncia a lo que quieres y sientes… Y, encima, que la discrepancia te siente mal. No es natural que siempre te sientas mal.

Deberás aprender a gestionar tus pasos. Deberás comprender que el camino no es estar siempre haciendo lo que debes, porque no debes nada a nadie. Nadie tiene nada que exigirte.

Se impone algo que nunca quisieron enseñar los que prefieren que todos hagamos “lo que hay que hacer”; lo que ellos quieren que hagamos, no lo que realmente sentimos y queremos hacer. Se impone aquello que en cualquier momento de liberación de la humanidad ha supuesto la principal condición para avanzar: adquirir la consciencia de que eres un ser humano con tus sentimientos y con tus deseos. Se impone aceptarte así. Se impone reconocerte así. Se impone convencerte de que puedes tener tu vida, de que mereces tener tu vida sin estar pendiente de la aprobación de nadie, sin deber nada a nadie, sin atender exigencias que ni son razonables ni vienen determinadas por ningún ser superior ni por ninguna ley.

Tienes que saber que puedes tener muy cerca -más cerca de lo que podrías imaginarte- a quien se considera superior a ti, a quien te va a exigir que cumplas con lo que “hay que hacer”. Tienes que saber que, sea quien sea, siempre actúa con la misma intención: que regreses al camino, a su camino, a hacer lo que hay que hacer, a hacer lo que espera de ti. Tienes que saber que tratará de aislarte, si te resistes; que te difamará, si persistes; que te despreciará, si insistes.

La decisión es tuya. No es fácil. El camino que te han señalado no es el único. Si decides dar pasos y hacer otro camino, eres libre de hacerlo. No estás sola. No estás solo.

                                                        “…Tu libertad es la mía.” (R. Tagore)

3. Virtuales cavernas

En unas cuantas preguntas hemos podido hacer un recorrido sumarísimo por algunos de los interrogantes clave de la humanidad, desde la prehistoria hasta nuestros días (que así se decía cuando, en edad de estudios obligatorios, llegábamos a la última parte de la Historia: la Edad Contemporánea. Después he oído que se pretendió incluir una quinta edad, que no tiene nada que ver con la tercera edad a la que algunos nos vamos acercando resignadamente, esa es otra historia; y que se pretendieron algunos nombres para distinguirla: que si la Edad Novísima, que si la Edad Espacial… La verdad es que no sé en qué quedó la cosa, y mucho me temo que, a estas alturas, eso no le importe a casi nadie. Los que dominan el mundo no necesitan tantas historias y lo que necesitan lo cogen y ya está).

Pongámonos, al hilo de lo que se viene refiriendo en las anteriores entradas, en la historia que pudo ser y no fue o, si se prefiere, en la historia que es y pudo no haber sido. Pongámonos, como ejemplo, en la historia de la utilización especializada del dedo pulgar. Utilización incomprensiblemente estancada durante milenios, en cadalso para el sacrificio de parásitos insectos; hasta que, finalmente, después de absurda espera, se llegara a la especialización superior, sin historias y sin tediosas clases teóricas; a la capacidad de escribir mensajes de texto que permiten mantenernos, de manera virtual, lo suficientemente cercanos y, a la vez, alejados, de hecho, unos de otros, ensimismados, en nuestras modernas, individuales y confortables cavernas.

Ahí quería llegar yo. A nuestras virtuales cavernas. Esas que mantienen nuestra zona de confort, y de privilegio, a salvo de intromisiones de la dura realidad. Desde las que podemos evadirnos por completo o, si lo preferimos, abrir ventanas para poder ver, desde la barrera, como se juegan la vida los que carecen de todo y solo les queda eso; lo que se juegan. Desde ellas podemos compartir, virtualmente, desde soledades y malestar hasta capacidades especiales e incluso sueños.

Lo virtual es tan poderoso en nuestras cavernas que puede eclipsar, si es que no ha sustituido ya, a lo real. Y puede darse el caso de que estemos viviendo, por una cuota mensual insignificante, en una falsa realidad de la que nunca querremos salir por muy mal que nos sintamos anímicamente. Y puede suceder que defendamos siempre a quien nos garantice que vamos a poder continuar gestionando, en nuestra propia caverna, nuestra triste realidad.

El camino está bien diseñado. Si quieres lo tomas y si no… te atienes a las consecuencias. Esa es la nueva ley que es copia de la más antigua. Igual que aquella que te exigía no salirte del camino señalado porque, de producirse desviación en lo más mínimo, serías castigado a no alcanzar la felicidad de un privilegiado destino final y eterno.

Lo que ocurre ahora es que el destino ya lo tienes; tu preciada caverna, y el castigo, de existir desviación, no se aplaza para después; el castigo es inmediato, aquí y ahora, porque serás expulsado de tu caverna y ya no podrás abrir ninguna ventana para contemplar, desde lejos, la dura realidad: ¡formarás parte de ella!

(exclusión… mendigo… mafia… valla… opresión… ilegal… traba… guerra… cuchilla… refugiado… emigrante… rechazado… paro… desprecio… inhumano… miseria… cárcel… desahucio… explotación… patera…)

A veces la encrucijada histórica sobreviene irresistible y nos agita y nos provoca…
Entonces hay que elegir: ¿Pastilla azul o pastilla roja?

Siempre quedará la opción de dejar que otros decidan… o empezar a dar pasos por un camino inexistente.