CUESTIONES DE ESTADO

1

No ve más allá del lugar que ocupa.

Se siente sólido en su posición.

Odia al líquido que se adapta 

y al gas que se expande.

 

2

No fue posible entrar en su pirómana cabeza.

¿Por qué eligió echar más leña al fuego

que amenazaba con destruir su fortaleza?

 

3

Dar amor es como la fuente

que, incluso sin que exista una presencia,

mana siempre sin esperar recompensa.

Sí, es posible amar a quien desprecia.

 

4

Quien lo que no necesita reclama,

tal vez no lo obtenga 

cuando le haga falta.

 

5

Es el mismo para todos.

Unos caminan,

otros se arrastran, 

obligados por sus circunstancias,

otros, 

privilegiados, 

vuelan…

 

Lo que tiene valor

es el camino,

no la manera 

de llegar a la meta.

 

6

Quien desprecia hoy,

puede ser que lo necesite mañana.

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Imperfectos y contradictorios

No hay nada intrínsecamente malo en el ser humano. La semilla de la maldad existe pero, no está incrustada en nuestros genes de manera irremediable; habría que activarla, individual y conscientemente, para que pudiera desarrollarse. Lo lamentable para nosotros es que, por los motivos que sean, su proliferación es mucho más extensa de lo que sería deseable.

La maldad actúa como la mala hierba en un cultivo; pero solo germina en terrenos ricos en egoísmo y en total ausencia de amor. 

Jean-Jacques Rousseau, hace ya algunos años, lo había dejado meridianamente claro en su obra “Emilio o De la educación” (1762). Aquello de que “El hombre es bueno por naturaleza” ha dado mucho que hablar desde entonces… y mucho que pensar; pero, evidentemente, no ha conseguido evitar la maldad. 

También había dejado, por escrito, en “Del Contrato social o Principios del derecho político” (1762) que ”El hombre nace libre y, sin embargo, donde quiera que va está encadenado”.

Y es que las contradicciones son propias de nosotros, los humanos. No somos perfectos. Decimos ser buenos, pero actuamos, en demasiadas ocasiones, con una infinita dejadez (el propio Rousseau que revolucionó la pedagogía y la política con sus escritos, sin embargo, no fue capaz de hacerse cargo de sus propios hijos y los fue entregando, conforme iban naciendo, a una institución). Decimos ser libres pero no ejercemos nuestra propia libertad y, frecuentemente, la entregamos a quienes nos hacen promesas aunque sepamos que hay muchas posibilidades de que jamás cumplan lo prometido.

La maldad puede campar a sus anchas, con suma facilidad, entre tanto humano imperfecto y contradictorio.

… y todo marcha

 

No pueden ser forzados. Necesitan libertad para ser verdaderos, para ser útiles, para ser…

Quien manipula los mata.

Y esos humanos, hambrientos de no sé qué, pretenden que creamos sus patrañas. Nos toman por tontos. Piensan que nosotros somos los ignorantes. Y son ellos los que no saben proteger lo más valioso. Son ellos los que insultan con solo creerse en posesión de la verdad, en posesión de la más alta inteligencia.

¡Basta ya! ¡No queremos violencia!

Diálogo y amor… y todo marcha.

Quiero vida

Quiero sentirme, entre otros, humano;

y vivir la alegría de ser, aunque otros se opongan.

Quiero sentirme hijo y hermano, 

aunque ellas se acojan 

a que yo soy el malo.

¡Quiero paz!

 

Quiero que mis ojos puedan ver

lo más bueno que ofrece la vida

y procuro no evitar que se vayan 

a husmear las alfombras 

de tanto palacio.

¡Quiero justicia!

 

Quiero que mis oídos quieran oír 

los mejores adagios del mundo,

y procuro que lleguen a ellos 

los ayes que desgarran las bocas 

de tanto perseguido.

¡Quiero libertad!

 

Quiero que mi nariz pueda oler 

los aromas de los campos floridos,

y procuro que huela el espanto 

de tanto muerto que muestran 

más de mil mediterráneos.

¡Quiero vida!

 

Quiero que mi boca elija gustar 

el sabor de la miel de incansables obreras,

y procuro evitar que se metan en ella 

tanto zángano

y tantas moscas groseras.

¡Quiero dignidad!

 

Quiero que mi piel busque siempre otra piel

y sentir la verdad de otro ser en mi ser,

y procuro afrontar las garras afiladas

de tanto egoísmo 

que destruye y que nada más quiere ver.

¡Quiero amor!

 

Dicen que querer es poder… 

y es mentira. 

No quiero el poder que elimina lo que tiene sentido.

No quiero el poder que complica la vida.

No quiero el poder que contamina el mar y el camino.

 

No quiero el poder que gobierna la desidia

y encarcela, de forma miserable,

las clamorosas verdades.

No quiero el poder que más margina;

ese que se siente, sin serlo, indispensable.

 

No quiero palacios ni encubridoras alfombras 

ni perseguidos por pedir libertad en la vida.

No quiero muertos en las aguas 

ni en las tierras

ni zánganos ni moscas groseras

ni poderes egoístas.

 

Quiero. 

¡Quiero!

¡Quiero… paz!

¡Quiero… justicia!

¡Quiero… libertad!

¡Quiero… vida!

¡Quiero… dignidad!

¡Quiero… amor!

 

Quiero.

¡Quiero!

¡Quiero vida!

 

Quiero vida.