… y todo marcha

 

No pueden ser forzados. Necesitan libertad para ser verdaderos, para ser útiles, para ser…

Quien manipula los mata.

Y esos humanos, hambrientos de no sé qué, pretenden que creamos sus patrañas. Nos toman por tontos. Piensan que nosotros somos los ignorantes. Y son ellos los que no saben proteger lo más valioso. Son ellos los que insultan con solo creerse en posesión de la verdad, en posesión de la más alta inteligencia.

¡Basta ya! ¡No queremos violencia!

Diálogo y amor… y todo marcha.

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Ha de venir…

Ha de venir…
si de todos viene,
si construimos sin ira,
si el desprecio no domina,
si lo que importa…
no solo es lo que se tiene.

Lo que importa
es quien construye,
quien arregla los caminos
que la vanidad destruye,
quien orienta a los perdidos…
quien la ilusión restituye.

Son ya tantos los fracasos…
que no debería importarnos
la larga espera.
No son urgentes los cambios
que el mundo anhela:
son… necesarios.

Lo nuevo ha de ser,
sin privilegios, justo:
nacido del amor
y de la paz
y del talante abierto.
Debe oler a presente digno
y a futuro cierto:
sin mentiras,
sin rencores,
sin mal gusto.

Ha de venir…
si por todos viene,
si construimos sin ira,
si el desprecio no domina,
si lo que importa…
no solo es lo que se tiene.

Lo que importa es el respeto
que iguala a los humanos,
es el ser que da su vida,
es el suelo que pisamos,
es el que cura la herida;
no el que hiere a sus hermanos.

Lo nuevo: planificado
hasta el detalle menor;
será el hijo esperado
fruto solo del amor.

Lo que importa es el humano
que no está mirando su ombligo.
Es el humano que es
y no tiene humano enemigo.

Lo que importa es el que es,
el que siempre da la cara,
el que nunca exige nada,
el que solo es… lo que ves.

El que no construye un muro
que separa a los humanos.
El que no se muestra duro
con los que son sus hermanos.

Ha de venir…
si para todos viene,
si construimos sin ira,
si el desprecio no domina,
si lo que importa…
no solo es lo que se tiene.

El juego más tonto del mundo

Hace algunos días leí una entrada que me gustó especialmente. Lejos de su natal Puerto Rico, Melba Gómez (melbag123) gestiona entre los recuerdos de su infancia la necesaria paz de cada día.

Me gustó tanto esa mirada atrás, que me propuse hacer algo parecido.
Este es mi primer intento, limitado, y extrapolado -porque no he podido evitarlo- a lo que ahora nos está tocando vivir en esta España.

Mi infancia transcurrió  en aquellos tiempos en los que no había tele, o, si la había, no había entrado en la mayoría de las casas; apenas circulaban coches, porque aún no estaban al alcance de los que, a duras penas, tenían para satisfacer sus necesidades básicas; la electricidad era solo para alumbrarse, porque apenas había electrodomésticos que enchufar; funcionaba la radio para recibir “el parte” único, la novela de la tarde para las mujeres, el fútbol de los domingos para los hombres y poco más para repartir entre todos. La democracia hacía años que se había perdido y andaba lejos, escondida, perseguida…

Con estas condiciones, la niñez era de mucha calle, de mucho juego colectivo, de juegos de temporada, de juegos de ejercicio diversificado físico y mental.

No sé si recuerdo los nombres con exactitud. Tampoco sé si esos nombres eran los mismos en todos los lugares. Recuerdo algunos: el escondite, el pañuelo, el pincho, el trompo, las bolas, el aro, los chinos, el pilla-pilla; con sus variantes: el corta-hilo, el marro, el gavilán… y también estaban los que no requerían desgaste físico ni habilidades específicas ni material alguno: aquí me pierdo con los nombres, pero me viene a la memoria una escena de uno de ellos: “el juego más tonto del mundo”, como más de un mayor y algún infante lo definieron entonces. En él íbamos declarando qué queríamos ser de mayor y para qué.

Tal vez por la falta de perspectiva, por la ignorancia de aquellos años cincuenta y sesenta; el juego más tonto del mundo, nos llevaba a ir picando alto para resultar “vencedores”:

– Yo quiero ser… practicante, para ver muchos culos.
– Yo seré médico, para ver mucho más.
– Yo… capitán, para mandar y mandar.
– Yo voy a ser Franco y mandaré en ti, capitán.
– Yo tendré que ser cura y tú en mí no mandarás.
– ¡Ay que no! Ya seré Papa. ¿A ver qué va a pasar?
– Nada, nada, muchacho. Yo seré Dios… ¡Ya está!

Ahora, en estos tiempos que vivimos. Hace unos meses, o unos años, (hay que ver cómo pasa el tiempo) en las paredes de los edificios de muchas calles de mi ciudad, y supongo que de casi todas, se podían leer pintadas que, como si se tratara de una variante del dichoso juego, al cabo de unos días eran corregidas inexorablemente:

¡PODEMOS!
VOTA
PODEMOS

Después de las correcciones, ésta concretamente, quedó así:

¡POTEMOS!
POTA
POTEMOS

Pero… es que entre los “líderes políticos” de esta democrática España, me da la impresión de que se sigue jugando al juego más tonto del mundo:

– Yo quiero ser… demócrata, para ver muchos votos.
– Yo seré republicano, para ver mucho más.
– Yo… presidente, para mandar y mandar.
– Yo voy a ser rey y mandaré en ti, presidente.
– Yo tendré que ser fiscal y tú en mí no mandarás.
– ¡Ay que no! Yo seré juez. ¿A ver que va a pasar?
– Nada, nada, muchacho. Yo seré como dios… ¡Ya está!

Señorías y demás políticos: no estamos para juegos.
Gánense sus privilegiados sueldos haciendo política. Permitan que esta raquítica democracia crezca entre el pueblo que decís representar. Dejen que camine a diario por las calles para que no se exprese solo en pintadas insulsas o en esporádicos votos interesados. Ábranle las puertas de los colegios para que juegue y crezca con los que han de protegerla en el futuro. Denle valor al ser humano y recorten, ahí sí, recorten… recorten el desmesurado valor que le otorgáis a vuestro tener.

Animal político (2)

Decía, entre otras cosas, que no es bueno que nuestra elección sea no participar…

Porque no es bueno que otro cubra nuestras responsabilidades, que otro venza nuestros miedos, que otro luche en favor de nuestras ideas; mientras nosotros permanecemos impasibles espectadores de lo que acontece a nuestro alrededor.

¿Qué exigiremos al otro que no podamos abordar nosotros mismos?

La exigencia ha de ser, preferentemente, con uno mismo: personalísima. Solo así seremos vencedores de nuestros miedos, luchadores por nuestras ideas, responsables de nuestras acciones y de nuestras omisiones.

¡Qué fácil es dejarse llevar por los que nos ofrecen hacerse cargo de todo lo que tendríamos que afrontar con nuestras manos, con nuestra inteligencia, con nuestra voluntad!

Las auténticas luchas las libramos en nuestro interior. Solo así conseguiremos ser (humanos libres con capacidades -empatía y sentido común-), que tiene muy poco que ver con tener (éxito económico, social o político; pero con incapacidad de mirar a los ojos del otro, precisamente, porque se nos antoja diferente, débil o despreciable).

El sistema político invita constantemente a dejarse llevar, a delegar, a tener; pero así nunca podrá entregar lo que promete porque, en su configuración actual, suele mantener en el olvido las capacidades que humanizan al ser humano; las que le hacer ser. Está más pendiente de ejercer la dominación que de ser útil a la mayoría.

El sistema “democrático” tiene que evolucionar y solo lo hará con la participación de todos los que, haciendo uso de su libertad, deciden ser sin que antes les hayan cortado las alas con toda la intención del despotismo vigente.

El sistema democrático tiene que llegar a ser un sistema justo, digno, sin argumentos falaces para dejar al margen del mismo a una parte importante de individuos.

Afortunadamente existen medios técnicos que lo hacen posible.

Desafortunadamente existen intereses que, por ahora, no lo van a permitir.
Esto es lo que hay. Pero lo que tenga que ser; llegará por la convicción y la participación de una gran mayoría responsable y participativa, sin manipulaciones, sin violencia, sin imposiciones, sin prisas…