5. Toni

Nada que destacar de los primeros años de vida de Toni. Se presentó en este mundo en medio de una cruel guerra. Llegó antes de tiempo y con un sexo que no era el que esperaban sus padres. Nada que destacar de los siguientes años, salvo la utilización que hacían de ella, obligándola a permanecer en vela, sentada en una silla de madera, vigilando el sueño de la madre durante aquellas noches en las que el padre iba a volver muy tarde a casa.

La vida en aquel terreno, alejado de todo, era monótona y triste. La mejor salida para Toni fue un matrimonio prematuro que fue bendecido con dos hijos a los que podría dedicar el resto de su vida. Una vida que transcurría siempre según lo que se esperaba de ella: cuidar de la casa y de la familia. Era lo que tenía que hacer y lo hacía a la perfección. Jamás recibió de nadie unas palabras de agradecimiento por su dedicación. Solo hacía lo que debía.

La vida, que parece corta cuando nos sonríe, se hace pesada cuando todos los días vienen repletos de monotonía. Monotonía que solo se rompe ante acontecimientos de especial relevancia. Acontecimientos que nos ilusionan porque se abre una posibilidad cambio.

Primero fue el matrimonio de un hijo, que pronto la hizo abuela. Después vino la muerte del marido y la decisión de irse a vivir con el hijo que le quedaba soltero. Cambios que no alteraron en nada su destino: hacer siempre lo que se esperaba de ella; cuidar de la casa y de la familia. Todo parecía que iba a cambiar de verdad cuando el hijo que le quedaba le dio la alegría de que se casaba.

Toni decidió hacer lo que se esperaba de ella. Confiaba en que muy pronto comenzaría a sentir algún cambio. Dejó su habitación para no ser una molestia a la pareja. Se fue, voluntariamente, a la habitación del sótano.

Pero nada en su vida había sido como ella esperaba, y nada cambió entonces. Desde que se bajó al sótano mucho menos. El único cambio que percibía era que ya nadie esperaba nada de ella. Ahora envidiaba, secretamente, la compañía y las atenciones que disfrutaban los perros y los gatos que habían entrado en aquella casa.

Atrapada en el sótano de la vida no quería pedirle a su hijo que la enviara a un asilo. ¿Qué pensarían los vecinos si se le ocurría tomar esa decisión?

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4. Se hace camino…

…“Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
“…
Antonio Machado

Nada más lejos de mi intención que pretender hacer una guía de pasos por un camino que no existe. Sería ponerme a la altura de los avispados vendedores de humo que hipotecan, sin escrúpulos, las voluntades de cuantos incautos, creyendo en la buena humanidad de sus semejantes, muerden los afilados anzuelos que aquellos distribuyen en este alborotado mar de intereses.

El camino en el que nos ponen desde que llegamos a este mundo está marcado por ellos, los vendedores de humo. Ellos lo tienen preparado para que todo sea como es, “como debe ser”. Cualquier tipo de alteración sobre lo programado habrá de pasar los controles previos que ellos han decidido de antemano y, en todo momento, los cambios que hubieran tenido que ser aceptados deberán reconducirse, lo más rápido posible, para que todo vuelva a ser “como tiene que ser”; como les gusta a ellos que sea.

La familia y la escuela, que son cosa de ellos, son las encargadas de mantener, por las buenas, la situación controlada. En ambas instituciones se reproduce continuamente la enseñanza de perpetuación (tener que + infinitivo = obligación), a la que se va añadiendo, sin que nadie lo note, el aditivo del miedo. Otras instituciones se encargarán de asuntos más profundos y graves, pero esa cuestión no es la que nos ocupa ahora. Ya llegará el momento de ocuparse de ellas.

Para hacer camino es preciso que sepas quien eres.

Eres un ser humano. Un ser humano que no es menos que otro ser humano -tampoco es más, aunque ese desajuste -el creerse más que otro- es más propio de ellos-. Eres un ser humano con vida propia, con sentimientos, con capacidades… y, esto es muy importante, un ser humano que no ha venido al mundo con un camino predeterminado por el que deba transitar.

Tienes que saber que si siempre está presente lo que tú quieres y sientes, es porque es natural. Lo que no es natural es que todo esté ordenado para que cuando haya discrepancia, gane el “tener que más infinitivo” que te han enseñado; o, dicho de otra manera más horrible, que siempre gane la renuncia a lo que quieres y sientes… Y, encima, que la discrepancia te siente mal. No es natural que siempre te sientas mal.

Deberás aprender a gestionar tus pasos. Deberás comprender que el camino no es estar siempre haciendo lo que debes, porque no debes nada a nadie. Nadie tiene nada que exigirte.

Se impone algo que nunca quisieron enseñar los que prefieren que todos hagamos “lo que hay que hacer”; lo que ellos quieren que hagamos, no lo que realmente sentimos y queremos hacer. Se impone aquello que en cualquier momento de liberación de la humanidad ha supuesto la principal condición para avanzar: adquirir la consciencia de que eres un ser humano con tus sentimientos y con tus deseos. Se impone aceptarte así. Se impone reconocerte así. Se impone convencerte de que puedes tener tu vida, de que mereces tener tu vida sin estar pendiente de la aprobación de nadie, sin deber nada a nadie, sin atender exigencias que ni son razonables ni vienen determinadas por ningún ser superior ni por ninguna ley.

Tienes que saber que puedes tener muy cerca -más cerca de lo que podrías imaginarte- a quien se considera superior a ti, a quien te va a exigir que cumplas con lo que “hay que hacer”. Tienes que saber que, sea quien sea, siempre actúa con la misma intención: que regreses al camino, a su camino, a hacer lo que hay que hacer, a hacer lo que espera de ti. Tienes que saber que tratará de aislarte, si te resistes; que te difamará, si persistes; que te despreciará, si insistes.

La decisión es tuya. No es fácil. El camino que te han señalado no es el único. Si decides dar pasos y hacer otro camino, eres libre de hacerlo. No estás sola. No estás solo.

                                                        “…Tu libertad es la mía.” (R. Tagore)

3. Virtuales cavernas

En unas cuantas preguntas hemos podido hacer un recorrido sumarísimo por algunos de los interrogantes clave de la humanidad, desde la prehistoria hasta nuestros días (que así se decía cuando, en edad de estudios obligatorios, llegábamos a la última parte de la Historia: la Edad Contemporánea. Después he oído que se pretendió incluir una quinta edad, que no tiene nada que ver con la tercera edad a la que algunos nos vamos acercando resignadamente, esa es otra historia; y que se pretendieron algunos nombres para distinguirla: que si la Edad Novísima, que si la Edad Espacial… La verdad es que no sé en qué quedó la cosa, y mucho me temo que, a estas alturas, eso no le importe a casi nadie. Los que dominan el mundo no necesitan tantas historias y lo que necesitan lo cogen y ya está).

Pongámonos, al hilo de lo que se viene refiriendo en las anteriores entradas, en la historia que pudo ser y no fue o, si se prefiere, en la historia que es y pudo no haber sido. Pongámonos, como ejemplo, en la historia de la utilización especializada del dedo pulgar. Utilización incomprensiblemente estancada durante milenios, en cadalso para el sacrificio de parásitos insectos; hasta que, finalmente, después de absurda espera, se llegara a la especialización superior, sin historias y sin tediosas clases teóricas; a la capacidad de escribir mensajes de texto que permiten mantenernos, de manera virtual, lo suficientemente cercanos y, a la vez, alejados, de hecho, unos de otros, ensimismados, en nuestras modernas, individuales y confortables cavernas.

Ahí quería llegar yo. A nuestras virtuales cavernas. Esas que mantienen nuestra zona de confort, y de privilegio, a salvo de intromisiones de la dura realidad. Desde las que podemos evadirnos por completo o, si lo preferimos, abrir ventanas para poder ver, desde la barrera, como se juegan la vida los que carecen de todo y solo les queda eso; lo que se juegan. Desde ellas podemos compartir, virtualmente, desde soledades y malestar hasta capacidades especiales e incluso sueños.

Lo virtual es tan poderoso en nuestras cavernas que puede eclipsar, si es que no ha sustituido ya, a lo real. Y puede darse el caso de que estemos viviendo, por una cuota mensual insignificante, en una falsa realidad de la que nunca querremos salir por muy mal que nos sintamos anímicamente. Y puede suceder que defendamos siempre a quien nos garantice que vamos a poder continuar gestionando, en nuestra propia caverna, nuestra triste realidad.

El camino está bien diseñado. Si quieres lo tomas y si no… te atienes a las consecuencias. Esa es la nueva ley que es copia de la más antigua. Igual que aquella que te exigía no salirte del camino señalado porque, de producirse desviación en lo más mínimo, serías castigado a no alcanzar la felicidad de un privilegiado destino final y eterno.

Lo que ocurre ahora es que el destino ya lo tienes; tu preciada caverna, y el castigo, de existir desviación, no se aplaza para después; el castigo es inmediato, aquí y ahora, porque serás expulsado de tu caverna y ya no podrás abrir ninguna ventana para contemplar, desde lejos, la dura realidad: ¡formarás parte de ella!

(exclusión… mendigo… mafia… valla… opresión… ilegal… traba… guerra… cuchilla… refugiado… emigrante… rechazado… paro… desprecio… inhumano… miseria… cárcel… desahucio… explotación… patera…)

A veces la encrucijada histórica sobreviene irresistible y nos agita y nos provoca…
Entonces hay que elegir: ¿Pastilla azul o pastilla roja?

Siempre quedará la opción de dejar que otros decidan… o empezar a dar pasos por un camino inexistente.

La historia está harta

                                             A Carmen de Burgos (1867-1932)

 

La historia está harta
de ver
que no podemos.

La historia está harta
de callar
lo que no hacemos.

Su silencio sugiere
cómo hacer
que parezca
que nos movemos.

Los silencios de tantos
son silencios impuestos
por la fuerza
de horrorosos sucesos.

La historia está harta
de esperar
que la cambien un día.

La historia está harta
de que siempre
decidan los mismos.

Su espera ya es larga
y se antoja inútil
si solo cuentan
los “-ismos”.

La historia está harta
de contar la versión
del que vence en el duelo.

La historia está harta
de olvidar
al que queda en el suelo.

Lo que otros sufrieron
no le sirve ya a nadie,
pero sirve de ejemplo
para hacernos cobardes.

La historia está harta
de contar
con el mismo destino.

La historia está harta
de que nadie se atreva
por otro camino.

El confort se hizo cargo
de dormir nuestras mentes,
de sumir nuestros sueños
en profundo letargo.

La historia está harta
de un fluir
tan amargo.

La historia está harta
del que vive sin vida,
del que pasa de largo.