Vengo de perder

Vengo de perder una guerra sucia.

De perder una guerra

que nadie declaró.

Vengo de perder una guerra fría.

De perder una guerra

que alguien diseñó.

Vengo de perder una guerra…

que no tuvo vencedor.

Vengo de perder una guerra…

que si tuvo perdedor.

Fui declarado muerto

por quien la vida me dio.

Todo, entre nosotros, se extinguió.

Mía era la paz, suya la agonía.

Yo me puse en su piel.

Ella dejó

que hicieran tiras con la mía.

Quise volver

para mostrar mi alegría

mas no pudo ser,

que el dolor de la tristeza

se hace fuerte todavía.

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Descansemos en paz

(c)- grojol
(c)- grojol

Cuando te dan por muerto…
No pueden resistir que resucites
Y pierden la memoria
Y dan palos de ciego…
Negando lo que ya guarda la historia.

Jamás admitirán que un día fue bello.
Nunca darán el paso
Ni moverán un dedo
Que restañe la herida
Que provocó su empeño.

Preferirán la muerte
-lo que eligieron-
Antes que admitir
Que ni aman ni sufren,
Que ni amaron ni sufrieron.

Que no sienten ni su muerte
Ni sus muertos.
Descansemos en paz
¡Sí!
Descansemos.

¡Cuánto gozo en la Tierra!

Libre de almas,

Libre de guerras,

Libre de armas…

Descansemos en paz – (c) – grojol

Dirección al futuro

No se trataba de una pesadilla ni, mucho menos, de una irrealidad provocada por alguna sustancia de las habituales en los que creen necesitar un poco más de lo que la vida les suele ofrecer, cada día, sin condiciones y sin riesgo. Había pasado ya un tiempo prudencial para dejar de pensar en lo sucedido y, sin embargo, parecía que fuera ayer cuando se inició el absurdo desenlace de aquella absurda historia.

¡Es hora de archivar el caso! La vida sigue ofreciendo, sin condiciones, su ración diaria de sosiego, de sesibilidad, de amor, de aburrimiento, de malestar, de… todo lo bueno y lo malo; y si lo acepto, si la tomo como viene; vivo mi vida y no me planteo cambiarla o negociarla, y mucho menos, a costa de batallar, absurdamente, con los demás, lo que no admite discusión.

Así que… olvidamos, que no perdonamos, los tristes momentos de inducida disputa: las tensiones provocadas, los insultos a la cara y a la inteligencia; y nos ocupamos de vivir junto a los que viven y no pensamos, para nada, en los que nos tienen por muertos y por condenados en su particular juicio final.

La vida ya es, de por sí, dura y difícil como para que nos dejemos enredar en las redes que echan otros, a río revuelto, sin ni siquiera ser pescadores. ¿Qué ganan estos guerreros sin instrucción endureciendo y dificultando aún más lo que ya viene siendo duro y difícil?

No es bueno que aceptemos imposiciones externas de nadie, por mucho que hubiera significado en un pasado llevadero.

Las circunstancias influyen de forma diferente en las personas, pero cuando una manipula, hiere, se siente superior a la otra y exige, sin medida, el ancho del embudo en exclusiva; las dos terminan perdiendo: aceptarlo es el mayor acierto que puedes tener. No intentes forzar la situación, no pretendas salvar a nadie del naufragio en el que tú eres una víctima más, porque no hay vuelta atrás. Lo que ha muerto está muerto y la resurrección, en esta vida dura y difícil, no existe.

No te sientas mal por las tormentas que has soportado. No te sientas mal por lo que ha muerto. No trates de mezclar lo que fue bueno con lo que fue horrible. No te dirijas al pasado, porque la dirección correcta es al futuro: un futuro junto a los que viven sin pretender influir en los otros; con los que conviven, con las personas que asumen la dureza y la dificultad de la vida y la comparten, no la reparten imponiendo, avasallando y matando sentimientos que nunca más podrán volver a ser lo que fueron.

HACIA LO VISIBLE

LXVIII

Ayer, tú no existías,

estabas ausente.

-Como estamos todos,

como está la gente-

Hoy, muerto Muerto,

estabas presente.

-Como nunca estabas,

rodeado de gente-

Mañana…

¡Ay, mañana!

Mañana no serás

ni un triste recuerdo.

¿Hará falta otra muerte?

-¿Otro muerto Muerto?-

¿Quién será el siguiente?

Tendremos que pensar

en ayer,

en hoy,

en mañana…

Y cuando sepamos

que los muertos

somos nosotros;

-los que pudiendo ser

no somos-

no hará falta esperar

a que llegue el siguiente

porque todos seremos

-despreciando a la muerte-

compromiso de vida…

…lo que fuiste un diciembre.

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En esta ocasión tiene que ir delante el LXVIII del libro de poemas.

Homenaje a Manuel J. García Caparrós, el mismo día que dejó de ser invisible-a-los-ojos-de-otros. El mismo día que tomo la decisión de iniciar un camino y se hizo visible. El mismo día que lo mataron los “responsables” del momento, que no podían permitir que se hiciera visible lo invisible.

Siempre responderán igual “los responsables”.

El camino hacia lo visible está señalado. La decisión debe ser meditada y no puede volver a ser individual. ¡Pero hay que tomarla!

Lo de Manuel es el ejemplo. No hay prisa ni hay camino marcado. ¡Pensemos en lo que nos señaló Antonio*!: “...se hace camino al andar...”

¿Lo haremos?

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* Antonio Machado