Los que mueven los hilos

 

Somos tan torpes… y ellos son tan sabios…

Los que mueven los hilos… nos están engañando.

                                                                                       

Tantas veces… nos pusieron la miel en los labios.

Tantas veces creímos… que estaban ayudando.

 

Y resulta que no… que no estamos hechos de barro,

que no somos tan torpes, ni ellos son tan sabios.

                                                                                  

Nos hicieron creer y creímos…

nos dejaron caer y caímos…

Y resulta que…                                                                                  

ellos son los buenos y nosotros los malos.

 

Los que mueven los hilos… nos están sangrando,

nos quitan las fuerzas… nos la están jugando.

Y resulta que… 

nunca lo vemos. -No lo veo yo y tú no lo ves.-

 

Todo lo que mueven… es por interés.

Traicionan a cualquier humano,

los que mueven los hilos…

y, si es preciso, a su propio hermano.

 

Y su interés determina las leyes,

esos hilos que nos mueven como marionetas,

con los que dominan, “para nuestro bien”,

los mercados, la vida, lo que es… y lo que no es.

 

Es con esos hilos con lo que van indicando

quien es el que reina en su mundo amañado,

quien tiene derecho al camino y quien será marginado,

quienes son los que vuelan y quienes van arrastrando.

 

Mas somos humanos, que no marionetas,

que un mundo mejor es posible si todos contamos,

que el derecho al camino es de todos los que en él caminamos,

que hacen falta hilos nuevos que aseguren… que sus manos van a estar quietas.

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Libertad para ser

 

                                                “Para la libertad, sangro, lucho, pervivo” …                                                                                         

Miguel Hernández 

 

No es nada si no se usa.

Solo una bonita palabra

eclipsada… 

sin razón.

 

La sinrazón siempre gana 

si domina 

los caminos de la ley, 

o del amor.

 

Siempre gana… 

cuando crea vericuetos 

para burlar la verdad, 

para torcer voluntades, 

para otorgar un valor 

a aquello que no lo tiene

por mucha ley “ad hoc”…

por mucho falsificado amor…

 

La sinrazón se mantiene 

sostenida 

por mi silencio, 

por tu silencio…

Nuestro silencio.

 

Y el silencio prevarica 

empujado por el miedo.

Ese miedo…

que provocan 

los que le dan alimento.

 

Ese miedo es un veneno.

Es mi miedo…

Es tu miedo…

Nuestro miedo.

(pesadilla que se muerde la cola)

 

Contra ese veneno…

solo un remedio:

libertad. 

Libertad, sí.

¡LIBERTAD!

¡Qué bonita palabra!

 

Mas… 

no es nada… 

si no se usa…

si solo se queda en eso… 

en una bonita palabra

eclipsada…

sin razón.

 

Soy libre.

Eres libre.

¡Somos libres!

 

¡Libertad!

¡Libertad para usar!

¡Libertad para ser!

Libertad…

Libertad es.

Quiero vida

Quiero sentirme, entre otros, humano;

y vivir la alegría de ser, aunque otros se opongan.

Quiero sentirme hijo y hermano, 

aunque ellas se acojan 

a que yo soy el malo.

¡Quiero paz!

 

Quiero que mis ojos puedan ver

lo más bueno que ofrece la vida

y procuro no evitar que se vayan 

a husmear las alfombras 

de tanto palacio.

¡Quiero justicia!

 

Quiero que mis oídos quieran oír 

los mejores adagios del mundo,

y procuro que lleguen a ellos 

los ayes que desgarran las bocas 

de tanto perseguido.

¡Quiero libertad!

 

Quiero que mi nariz pueda oler 

los aromas de los campos floridos,

y procuro que huela el espanto 

de tanto muerto que muestran 

más de mil mediterráneos.

¡Quiero vida!

 

Quiero que mi boca elija gustar 

el sabor de la miel de incansables obreras,

y procuro evitar que se metan en ella 

tanto zángano

y tantas moscas groseras.

¡Quiero dignidad!

 

Quiero que mi piel busque siempre otra piel

y sentir la verdad de otro ser en mi ser,

y procuro afrontar las garras afiladas

de tanto egoísmo 

que destruye y que nada más quiere ver.

¡Quiero amor!

 

Dicen que querer es poder… 

y es mentira. 

No quiero el poder que elimina lo que tiene sentido.

No quiero el poder que complica la vida.

No quiero el poder que contamina el mar y el camino.

 

No quiero el poder que gobierna la desidia

y encarcela, de forma miserable,

las clamorosas verdades.

No quiero el poder que más margina;

ese que se siente, sin serlo, indispensable.

 

No quiero palacios ni encubridoras alfombras 

ni perseguidos por pedir libertad en la vida.

No quiero muertos en las aguas 

ni en las tierras

ni zánganos ni moscas groseras

ni poderes egoístas.

 

Quiero. 

¡Quiero!

¡Quiero… paz!

¡Quiero… justicia!

¡Quiero… libertad!

¡Quiero… vida!

¡Quiero… dignidad!

¡Quiero… amor!

 

Quiero.

¡Quiero!

¡Quiero vida!

 

Quiero vida.

No es para tanto

No es para tanto.
No es para dejar que se claven en nuestras carnes
las afiladas garras de las guerras que otros hacen.
No es para cerrar los ojos cuando nos nacen abandonados.
Y sin embargo vivimos temiendo, paso a paso,
lo que pueda arrebatarnos el camino incierto.

No hay día que termine sin intento de activar nuestro propio sabotaje
y, a pesar de todo, no es para quedarse sin aliento
ni para querer seguir muriendo
tan solo porque el hoy no nos aparece claro y cierto.

No es para hundirse, ensimismado, ante un destino que no se deja ver,
o ante la posibilidad de haber sido comprado por el oscuro interés
de quien alardea ser… y resulta que no es.

No es para rendirse porque siempre el miedo haya tenido el mando en el mundo.
No es para entregarse a un ser que ya dejó, hace tiempo, de saberse humano.
No es verdad que no haya futuro.
El futuro está, íntegro, en nuestras manos: en todas y cada una de cada uno.

Pero cuidado…
cuidado con esas manos que solo ansían poder,
con esas manos familiares que manipulan y matan… “sin querer”.

No es para fiarse de las manos que desprecian,
de las manos que prefieren la ausencia del amor,
de las manos que a otros atribuyen, con falacias, las desgracias que causaron… “por error”.