Quiero vida

Quiero sentirme, entre otros, humano;

y vivir la alegría de ser, aunque otros se opongan.

Quiero sentirme hijo y hermano, 

aunque ellas se acojan 

a que yo soy el malo.

¡Quiero paz!

 

Quiero que mis ojos puedan ver

lo más bueno que ofrece la vida

y procuro no evitar que se vayan 

a husmear las alfombras 

de tanto palacio.

¡Quiero justicia!

 

Quiero que mis oídos quieran oír 

los mejores adagios del mundo,

y procuro que lleguen a ellos 

los ayes que desgarran las bocas 

de tanto perseguido.

¡Quiero libertad!

 

Quiero que mi nariz pueda oler 

los aromas de los campos floridos,

y procuro que huela el espanto 

de tanto muerto que muestran 

más de mil mediterráneos.

¡Quiero vida!

 

Quiero que mi boca elija gustar 

el sabor de la miel de incansables obreras,

y procuro evitar que se metan en ella 

tanto zángano

y tantas moscas groseras.

¡Quiero dignidad!

 

Quiero que mi piel busque siempre otra piel

y sentir la verdad de otro ser en mi ser,

y procuro afrontar las garras afiladas

de tanto egoísmo 

que destruye y que nada más quiere ver.

¡Quiero amor!

 

Dicen que querer es poder… 

y es mentira. 

No quiero el poder que elimina lo que tiene sentido.

No quiero el poder que complica la vida.

No quiero el poder que contamina el mar y el camino.

 

No quiero el poder que gobierna la desidia

y encarcela, de forma miserable,

las clamorosas verdades.

No quiero el poder que más margina;

ese que se siente, sin serlo, indispensable.

 

No quiero palacios ni encubridoras alfombras 

ni perseguidos por pedir libertad en la vida.

No quiero muertos en las aguas 

ni en las tierras

ni zánganos ni moscas groseras

ni poderes egoístas.

 

Quiero. 

¡Quiero!

¡Quiero… paz!

¡Quiero… justicia!

¡Quiero… libertad!

¡Quiero… vida!

¡Quiero… dignidad!

¡Quiero… amor!

 

Quiero.

¡Quiero!

¡Quiero vida!

 

Quiero vida.

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No es para tanto

No es para tanto.
No es para dejar que se claven en nuestras carnes
las afiladas garras de las guerras que otros hacen.
No es para cerrar los ojos cuando nos nacen abandonados.
Y sin embargo vivimos temiendo, paso a paso,
lo que pueda arrebatarnos el camino incierto.

No hay día que termine sin intento de activar nuestro propio sabotaje
y, a pesar de todo, no es para quedarse sin aliento
ni para querer seguir muriendo
tan solo porque el hoy no nos aparece claro y cierto.

No es para hundirse, ensimismado, ante un destino que no se deja ver,
o ante la posibilidad de haber sido comprado por el oscuro interés
de quien alardea ser… y resulta que no es.

No es para rendirse porque siempre el miedo haya tenido el mando en el mundo.
No es para entregarse a un ser que ya dejó, hace tiempo, de saberse humano.
No es verdad que no haya futuro.
El futuro está, íntegro, en nuestras manos: en todas y cada una de cada uno.

Pero cuidado…
cuidado con esas manos que solo ansían poder,
con esas manos familiares que manipulan y matan… “sin querer”.

No es para fiarse de las manos que desprecian,
de las manos que prefieren la ausencia del amor,
de las manos que a otros atribuyen, con falacias, las desgracias que causaron… “por error”.

Ha de venir…

Ha de venir…
si de todos viene,
si construimos sin ira,
si el desprecio no domina,
si lo que importa…
no solo es lo que se tiene.

Lo que importa
es quien construye,
quien arregla los caminos
que la vanidad destruye,
quien orienta a los perdidos…
quien la ilusión restituye.

Son ya tantos los fracasos…
que no debería importarnos
la larga espera.
No son urgentes los cambios
que el mundo anhela:
son… necesarios.

Lo nuevo ha de ser,
sin privilegios, justo:
nacido del amor
y de la paz
y del talante abierto.
Debe oler a presente digno
y a futuro cierto:
sin mentiras,
sin rencores,
sin mal gusto.

Ha de venir…
si por todos viene,
si construimos sin ira,
si el desprecio no domina,
si lo que importa…
no solo es lo que se tiene.

Lo que importa es el respeto
que iguala a los humanos,
es el ser que da su vida,
es el suelo que pisamos,
es el que cura la herida;
no el que hiere a sus hermanos.

Lo nuevo: planificado
hasta el detalle menor;
será el hijo esperado
fruto solo del amor.

Lo que importa es el humano
que no está mirando su ombligo.
Es el humano que es
y no tiene humano enemigo.

Lo que importa es el que es,
el que siempre da la cara,
el que nunca exige nada,
el que solo es… lo que ves.

El que no construye un muro
que separa a los humanos.
El que no se muestra duro
con los que son sus hermanos.

Ha de venir…
si para todos viene,
si construimos sin ira,
si el desprecio no domina,
si lo que importa…
no solo es lo que se tiene.

Vamos a permitirnos la alegría

Vamos a permitirnos
la alegría…
La alegría de creernos
más humanos cada día.

Humanos que no aceptamos
las armas para matar.
Humanos que no usamos
la fuerza para ganar.

No es vencer lo que buscamos,
porque venciendo perdemos
la alegría que nos debemos
para sentirnos humanos.

Es crecer lo que queremos.
Crecer sin que venza el miedo,
sin que nos mande el dinero,
sin que nos pueda el horror.

Vamos a permitirnos
la alegría…
La alegría de querernos
más humanos cada día.

Humanos que no luchamos
para imponer un criterio.
Humanos que dialogamos
para crear algo serio.

Algo que sea diferente
a lo que está sucediendo.
Algo que sea la fuente
de lo que ya está naciendo.

Nuevas formas,
nuevos cielos,
nuevas sendas,
nuevos suelos.

Vamos a permitirnos
la alegría…
La alegría de sabernos
más humanos cada día.

Humanos que no dejamos
que manipulen más vidas.
Humanos que trabajamos
para evitar más heridas.

No hay humanos ilegales,
no a las leyes que lo digan.
Mujeres y hombres iguales,
que los hechos no desdigan.

No a la mentira que manda.
Sí a la verdad que responde.
No a la violencia que mata.
Sí al amor que repone.

Vamos a permitirnos
la alegría…
La alegría de sentirnos
más humanos cada día.