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POR FIN

 

Imagen: JARM

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La vida en Quintana había conseguido, por fín, la estabilidad del humano. Una estabilidad basada en la auténtica solidaridad, la que surge de manera natural de un corazón que no ha sido manipulado por una educación turbia y malintencionada, y no aquella que debía ser reclamada con campañas auspiciadas por el propio sistema, corrupto y bloqueado para la mayoría, que solo defendió el interés de unos pocos.

El sistema democrático -sin apellidos- era una realidad, por fin, y la base de la maravillosa primavera de Quintana la había establecido la Educación -con mayúsculas- y la participación de toda la ciudadanía en todos los asuntos de las distintas comunidades en que se fundamentó la República -sin apellidos-: las vecindades, las calles, los barrios, los distritos, las ciudades, las provincias, las naciones…

El estudio de los errores del pasado era una de las ocupaciones mejor valoradas en las asambleas de formación integral de cualquier comunidad.

Los escritos que habían podido rescatarse, de aquellos nefastos tiempos de crisis sucesivas e interminables (economicas, religiosas, políticas, sanitarias…), quedaron registrados y catalogados en el “Centro de Documentación Tierra Nuestra” desde donde eran distribuidos a toda la población y analizados, a todos los niveles, hasta obtener las conclusiones necesarias para que la sabiduría popular dejara de dar por bueno aquello de que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra“.

He aquí un ejemplo de documento:

 

Referencia: SLBR-2011062304166140-EPIST

 Título: Carta a mi madre
Páginas: 2
Temática orientativa: amor, familia, sentimientos, manipulación.

 Conservación: Deterioro de las esquinas inferiores del documento con     pérdida parcial, no significativa, de contenido. ”


Carta a mi madre

“¡Madre mía! ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación en la familia?
En los días de hospital de mayo y junio, a pesar de la dura realidad que estamos viviendo, te he visto en momentos de alegría y de risas casi incontenibles con personas que no conocías de nada. Ha sido inevitable pensar en los lamentos interminables de los últimos años a cuenta de mi padre o de tu vista, en las lágrimas por todo lo malo que te está tocando vivir, en la amargura de una vida que no parece tener nada bueno. Quiero quedarme con esos minutos de tu alegría entre esas personas desconocidas, antes y después de la operación en que te han arreglado el corazón, y espero que este arreglo sirva para que encuentres más momentos felices a partir de ahora.

Tú sabes mejor que nadie como soy. Eso debe ser suficiente para que no dudes de mis sentimientos. Sin embargo, como hablar de eso no ha sido una costumbre familiar, también tienes que saber que aunque no hayas oído, de mí, especiales palabras de cariño; te he querido y te he respetado, lo mismo que a mi padre y a mis hermanos. He procurado apartar a un lado los errores involuntarios que haya podido haber y no tenerlos en cuenta ni echarlos en cara a nadie. He guardado para mi lo que no me ha gustado y no he ido a contarle a nadie -¡A NADIE!- ninguna miseria familiar (no somos perfectos) ni, mucho menos, miserias irreales.

Cuando, sin querer creerlo, he ido comprobando que no se trata de errores involuntarios. Cuando he observado intención (no precisamente buena intención), he puesto distancia por medio para evitar enfrentamientos, creyendo que el tiempo todo lo cura (y han pasado más de tres años). Cuando he visto con mis propios ojos que todo momento es bueno, y si hay hospital por medio mejor, para añadir leña al fuego, que hay voluntad de dañar por un lado y de hacer la vista gorda por otro; tengo que decir: ¡¡SE ACABÓ!! Porque no debo dejar pasar como si nada lo que está haciendo y diciendo, desde hace más tres años y medio, mi propia hermana. Porque no puedo seguir ignorando que tú misma estás colaborando con ella cuando no quieres verlo todo (y no por problemas de vista), cuando me pides que no haga caso de sus maneras o cuando disculpas, sin argumentos, comportamientos que has presenciado y que tú misma reconoces que no están bien.

Esto no es una guerra, porque no está en mi manera de ser el responder con violencia. Es una agresión continua y sin sentido que no soporto más. Es una manipulación que tú consientes y que yo voy a seguir respetando, porque quiero entender que no sabes lo que haces al consentir; pero que no voy a tolerar ni un minuto más. Así que voy a responder con más distancia. El daño que estamos provocando, incluso a quien creemos ahora que está al margen, es mucho más grande de lo que podemos imaginar. Y el daño está hecho. Con más distancia no busco ya que el tiempo cure nada, pero al menos que no se haga más grande la herida (ojos que no ven…).

No voy a pedirte nada, pero sí te digo que la llave de esta puerta cerrada está en tus manos. Solamente tú puedes hacer algo para detener este sinsentido. Respetaré que no lo hagas, como respeto que no lo hayas hecho hasta ahora. Espero que sepas comprender lo que estoy haciendo y lo que estoy diciendo. Si no lo comprendes procura escuchar y valorar al menos dos opiniones -la de tu otro hijo también- y, sobre todo, la de tu corazón arreglado.

23 de junio de 2011                                                                                              Tu hi.. … “

Imagen: JARM

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P.A.N. – DARDOS

Un nuevo premio DARDOS me ha llegado desde http://mil983.wordpress.com/. Tesa, que le encanta escribir, ha sido muy amable al concedérmelo y por ello le estoy muy agradecido. Espero que visitéis su blog para que podáis disfrutar de lo bien que escribe.

Ya le he explicado que hace unos días tomé una decisión sobre las nominaciones, explicación que ofrecí a Vanesa y que, para quien no la conozca y además sienta curiosidad, se encuentra aquí ==> https://grojol.wordpress.com/2014/10/09/mas-p-a-n/ .
¡Gracias Tesa!

Este premio, ya sabéis, es para todos.


Y ahí tenéis (3)

http://sara33ia.wordpress.com/2014/08/26/pensamientos/


POR FIN – (c) -grojol

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Recuerdos del futuro

Noé Gabardino Rodríguez es un hombre que vive según sus posibilidades. Como la inmensa mayoría de las personas que habitan Quintana. Los recursos son los que son y el sistema político-administrativo, abolido el dinero, está basado en la distribución del tiempo en quintos, descontadas cuatro horas del día que son de libre disposición de cada persona. Todo fluye por el cauce democrático, todos respetan las decisiones que se establecen, por mayoría, después del imprescindible debate; decisiones que son, siempre, las necesarias para el bien común.

Los habitantes de Quintana reconocen el valor de la voluntad de la mayoría y el respeto a las opiniones diferentes, que han de ser tenidas en cuenta para la ponderación de todas las decisiones. Todos deben elegir una tarea para la comunidad, según su capacidad, fijada en un quinto del horario de administración, otro quinto es para el desarrollo personal y dos quintos para descanso. El quinto restante está destinado a la participación en asuntos decisorios de la comunidad, en el nivel en que cada persona sea elegida.

Todos saben que cuando algún mal les sobrevenga se encontrarán protegidos. El trabajo bien hecho es la garantía del funcionamiento de Quintana. La garantía de que siempre te está atendiendo un profesional que está haciendo su trabajo igual que tú haces el tuyo.

Los habitantes de Quintana siguen y respetan las normas que provienen del final de la época anterior. Una época de guerras horrorosas a escala planetaria, dos sistemas en lucha permanente, dos formas de no entender lo humano que determinaron dos formas de no resolver la convivencia. Dos bloques que pugnaron por prevalecer por encima del otro y que, finalmente, acabaron extinguiéndose los dos en un corto espacio de tiempo.

La guerra fría entre los bloques dio paso a la globalización, a la ciega codicia, a la permisividad del boom y las burbujas, a la imposición de prácticas perversas a los estados, a la eliminación de la política como se había practicado hasta entonces y a su sustitución por la economía de la austeridad que lo convirtió todo en agujeros negros, en caminos sin retorno, en problemas sin solución y en los ajustes salvajes de la llamada época de los rescates.

Aquella época en la que la humanidad se puso en peligro de extinción por un error de cálculo. No por bombas nucleares ni por obuses, ni siquiera por fusiles y pistolas repartidos en dos bandos. Por un lamentable error. Se creyó más en la economía que en la política. Se otorgó más valor al crecimiento de beneficios de unos pocos que al mantenimiento del trabajo y la ilusión de una mayoría, sin grandes pretensiones, que delegó en unos irresponsables “responsables” que terminaron matando a la gallina de los huevos de oro.

En la última etapa de la época de los rescates. Los partidos políticos y los sindicatos fueron enflaqueciendo y se perdió la fuerza que había conducido a una parte de la humanidad a lo que se había denominado, con excesiva grandilocuencia, el estado del bienestar. Su desmantelamiento, país por país, fue agónico y brutal: primero Grecia, después Portugal, Irlanda, España, Italia, Francia… Alemania. Europa arrastró a América. Una caída llevó a la otra y todas juntas al desastre.

El mundo se volvió loco. Las imposiciones insoportables a los paises más débiles se tradujeron en imposiciones desorbitadas a los más pobres que, indignados con los gobernantes y con el sistema, trataron de organizarse de una forma más humana.

El impulso definitivo lo materializó un nutrido grupo de indignados que no cedió ante la provocación de las minorías gobernantes, que se habían dejado llevar por el error de considerar prioritario el crecimiento de los beneficios de la minoría propietaria de la riqueza ante los derechos al trabajo y a la dignidad como personas de la mayoría. Error que condujo al mayor desgaste humanitario de la historia: a la época del retroceso.

Desde entonces la humanidad camina hacia el pasado y los recuerdos siempre vienen del futuro*: de Quintana.

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*José Gabardino Manso, en un pueblecito de Extremadura, guarda como un tesoro, entre las páginas de un ejemplar de ENSAYO SOBRE LA CEGUERA, el documento con las propuestas para la fundación de Quintana.

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LVI

Amarillean las hojas de mis libros

y mis cabellos se tornan blanquecinos,

como la nieve de nuestros corazones.

¡Cómo se hundieron aquellas ilusiones

labradas con trabajo y sacrificio!

¿Recuerdas cuando yo vivía en mis libros

mientras el fuego abrasaba mis sentidos?

¿Recuerdas que vendí mis ilusiones

sin saber de la vida más sabores

que el sabor de tu cuerpo dolorido?

Siento pena de mis penas…

y siento la sangre en mis venas

correr como nunca ha corrido.

Es que al fin he comprendido

por qué mi sangre y las hienas…

por qué las penas conmigo.

    – De Poemas rescatados

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