dos historias

Todos los días se levanta antes que el sol. Acude, a la misma hora y al mismo lugar, al puesto que le asignaron hace muchísimos años y realiza su cometido sin que nadie valore lo que hace. O eso parece, a juzgar por la escasa atención que le prestan sus semejantes.

Es la historia de un ser que tiene que vivir automáticamente. La corriente es fuerte y no sirve de nada que se agarre a cualquier escollo que encuentra. Muestra su descontento ante otros seres en las mismas circunstancias, pero la corriente es fuerte. Solo es un ser vivo que nace, crece, se reproduce y… muere. En ocasiones solo nace y muere, y el resto carece de interés para nadie.

Toda historia debe relatar una relación entre seres, o entre seres y algo más, o entre algo y un ser por lo menos. No hay historia sin ser. No hay historia sin relación. Añadamos un tiempo y un espacio, metámonos dentro y ahí está nuestra historia.

Sin espacio, sin tiempo, sin seres y sin relaciones no existimos. No hay historia. Solo la nada.

Estamos a punto de quedar atrapados en la nada porque nadie tiene palabras para decirle al ser de al lado:

– ¡Tú vales!

– ¡Tú eres importante!

– ¡Tú eres!

– ¡Lo que haces es bueno para todos nosotros!

Al contrario. Los que dicen escribir la historia, porque saben lo que hacen, únicamente dicen:

– ¡Tú no vales nada!

– ¡Tú no eres importante!

– ¡Tú no eres!

-¡No tienes nada que hacer!

Toda historia, por insignificante que parezca, tiene -estoy seguro de ello- dos versiones por lo menos. Cuando el poseedor de una versión impone la suya no significa que esa sea la historia ni que la otra versión no exista. La Historia está harta de soportar esos chanchullos.

Tenemos que empezar a defender lo nuestro. Tenemos que decir lo importantes que somos, lo que valemos y que lo que hacemos es bueno para todos. Y que no podemos aceptar que nos dejen al margen de la historia. De nuestra historia. Porque tenemos derechos. Y si nos los quitan en defensa de “su” historia, podemos ejercer el derecho a morir luchando en defensa de la nuestra.

Eso es lo que tienen que saber los engreídos propietarios de la historia.

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Archivado bajo Filosofía, Política, real-ficción

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